Axioma 37 Bis (o de la sutil diferencia entre lo Grotesco y lo vulgar)

En su blog (www.weinbaum.blogspot.com), un amigo sugiere lo siguiente:

Axioma Nº 37
Todos los desodorantes de ambiente no hacen más
que reforzar el olor a mierda.

lo cual me parece correcto… sin embargo, también me parece una obviedad. Por eso he decidido arriesgar un porqué los desodorantes provocan dicho efecto.

Si uno perfuma su living con alguno de esos desodorantes, sentiría igual olor a mierda pero no porque el producto tenga olor a ella o porque alguien haya defecado en el futón. Yo uso uno con olor a primavera y, definitivamente, la primavera no tiene olor a mierda (pero más definitivo es que no cago en mi living, ni dejo que alguien lo haga). Sin embargo, cada vez que entro al baño después de haber cagado, me percato de que lo hice. ¿Qué sucede entonces?

Cuando entramos a un baño y hay un fresco (por lo reciente) olor a desodorante de ambiente intuimos que alguien ha cagado… sintamos o no el olor a su eyección ortoral… perdón, intestino/duodeno-yeyuno/recto/anal. Y he ahí, camaradas y camarados, que el desodorante refuerza el olor a sorete (o a bolitas de acuerdo al estilo circunstancial del cagador).
Es decir,

Axioma Nº 37 Bis
El desodorante de ambiente tiene un efecto sugestivo/psicológico.

Inmediatamente identificamos su perfume con la mierda porque su olor nos pone en aviso de que alguien se echó un cago. Es así, lamentablemente.

Conclusión: los desodorantes de baño no sirven para una mierda, es al pedo…

Un paso, un segundo… un mundo


Mire para abajo mientras camina.

Encontrará sus zapatos, a veces sus rodillas; su dinámica repetitiva y un movimiento reflejo. Cuando levante la vista estará más cerca de su destino sin reparar en el recorrido… sin saber cómo eso es posible. Claro, tampoco le interesa saberlo.

Esos pasos, tic tac tic tac, que miden el tiempo desde un lugar a otro, tan iguales, tan distantes; tan ajenos que parecen dados por otro, tan insignificantes, aunque no lo sepamos, pueden ser, sin embargo, distintos.

Tómese un segundo (sí, sólo un segundo) y piense en lo que está haciendo: usted es el dueño de ese zapato que aparece y desaparece intermitentemente. No es un semáforo, no. No es nada independiente de su voluntad. Usted es quien le dice al zapato que aparezca y, luego -aunque lo crea automático- desaparezca. Un segundo tarda la sensación de felicidad en acaecer… y un segundo en desaparecer como un zapato. ¿Importa lo que dura?

Sí, piense en todas las diferentes formas en que puede mover el pie hacia delante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo… ¡hacia donde usted quiera! Piense en todos los tic tac que bien podrían ser toc tuc, zap zap, nib vue, ati olb, ciw tra, ñjy bte, etc, etc, etc. Todas las melodías escondidas en un paso, todas las orquestas refugiadas en una baldosa esperando a su director para ejecutar alguna bella sinfonía que, aunque parezca mentira, usted está en condiciones de componer.

Piense, en definitiva, en lo fácil que es destruir el automatismo, hacer de esa vereda un juego; en lo barato que es ganarse una sonrisa y, más importante aún, robarle otra a quien en ese instante haya desembotado sus sentidos y mire, como está ahora usted mirando sus zapatos, lo que pasa en un mundo tan inmenso como es el de un paso, con tantas habitaciones aún inhabitadas, con tantas posibilidades, tantos caminos por explorar, con tanta felicidad por explotar entre la misma partida y la misma llegada.

Cluc zoj… y el que sigue.

La Maldición de los Años Impares

Luego de un prolongado Simposio, los Compiladores decidimos hacer público este texto del Magnánimo que vendría a ser algo así como la "Perla Negra" de su obra. Quienes nos oponíamos a su publicación argumentamos que este "pronóstico fallido" podría hacer tambalear la figura del Licenciado... quienes avalaron la publicación, argumentaron que eso es lo mejor que podía pasarle al susodicho si todavía tenía alguna intención de recuperar al menos una miga de dignidad. Ergo, lo publicamos.
Observarán, quienes lean "La Maldición de los Años Impares", que trata sobre una investigación centrada en el "Día del Estudiante". Para no prolongar aún más este prólogo, sólo diremos, los que aún tenemos respeto por el Gran Iluminado (y no sabemos porqué), que su pronóstico falló, sí... pero sólo por menos de 24 hs.


Inocentes tortolitos que mañana, movidos por la explosión hormonal que implica la llegada de los colores a las calles, irán a la costanera y otros espacios verdes a festejar su día, no estén tan contentos: va a llover.
Sí, ¿y cómo lo sé? Arduas horas de laboratorio me han llevado a la conclusión de que todos los 21 de septiembre de los años impares llueve. Y eso no es todo, también creo conocer la causa. Présteme atención.
En 1993 estaba yo en la plenitud de lo que científicamente se conoce como la edad del pavo y, por ende, decidido a pasar el día del estudiante paveando con amigos, cuando de repente al levantarme después de una noche estimulante ya con la mochila en la espalda y la gorrita para atrás, atuendo identificatorio de alumno secundario, mi vieja me sentenció: “¿Dónde vas? ¿No ves cómo llueve?”. En un primer momento no reaccioné, claro, estaba dormidísimo. Pero después de la chocolatada y de echarle la culpa a todo personaje que aparecía en la tele, me di cuenta que no era la primera vez que pasaba algo así. De hecho, ya era el tercer año impar consecutivo que ocurría.
Es decir que la maldición se remonta al recordado 1989. Todos sabemos qué ocurrió el 9 de julio de dicho año. Carlo de Anillaco asumió como presidente de la Nación. Como verá, estimado lector, estoy evitando pronunciar ese apellido nefasto para el estudiantado nacional, y ya descubrirá porqué lo hago. Conocida es la fama de yeta o mufa de este ex – presidente, ex – presidiario y ex – candidato presidencial que arrugó; y si no me cree pregúntele a Daniel Scioli quÉ pasó el día que Carlos Saúl subió a su lancha. El hecho es que desde que este personaje está sentado en el sillón que alguna vez perteneció a Rivadavia, pasaron cosas extrañísimas que casi nadie pudo explicar: el 1 a 1, el encuentro con Xuxa en la quinta de Olivos y María Julia Ministra de Medio Ambiente, para citar sólo algunos hechos. Pero lo que me trae hoy acá es la maldición de los años impares y ningún otro acontecimiento inconexo.
Usando el sentido común y un poco de lógica, verifiqué que:
1 - De haber sido un año par el de la asunción de Carlo la historia hubiese sido la misma, nada más que durante los años pares.
2 - Maldiciendo a los estudiantes mataba varios pájaros de un tiro ya que no sólo perjudicó a éstos, sino también a los que incrementan sus ingresos en días festivos, como ser los vendedores de pororó, las promotoras, los tarjeteros de los boliches y los artesanos de la plazita Pueyrredón. Entonces, con un simple maleficio no sólo nos dejó sin mate y chicas alborotadas cada dos años a los promiscuos adolescentes, sino además dio comienzo al aumento indiscriminado del desempleo, la pobreza y la delincuencia en la Argentina.
Él ya no es presidente, pero todo es muy reciente como para que la maldición se esfume así nomás. Indagando un poco sobre la historia riojana, averigüé que esto no sólo pasa los años impares, sino todos los 21 de septiembre, los días del maestro y del abuelo también.
Por eso les advierto que si por alguna desgracia llegan a cruzarse con Méndez, tóquese la gónada izquierda y, tenga listas las tortas fritas porque mañana va a llover.

Una Noche Sospechosa (Parte Final)

Nietzsche se me acercaba detrás de su bigote. Me paré para frenarlo. No hizo falta, ya que a dos metros de distancia se detuvo y mirándome a los ojos comenzó un breve discurso casi inentendible.
- Ramiro, las cosas existen porque son efectos de las fuerzas que las atraviesan.
- ¿Qué fuerzas? -pregunté sin saber por qué.
- Las fuerzas activas y reactivas. La vida es estas fuerzas activas y siempre están en tensión con las fuerzas reactivas que llevan a la muerte, entendida como parálisis, inacción, captura inactiva. La idea de que todas las cosas están atravesadas por múltiples fuerzas implica la idea de multiplicidad, o sea, la imposibilidad de reducción a la unidad. Dotadas de voluntad de poder nos inducen a querer la vida vivida por todos.

Esa respuesta fue la última que siguió cierta coherencia a lo largo del esquizofrénico diálogo que mantuvimos.
- Chau Ramiro. Hasta el eterno retorno -fue su despedida.
Me dejó pensando en que al contrario del sentido común, las puertas son muchas… e incluso más de las que podemos conocer. Todavía mirándolo marcharse, me compadecí de él. Nunca lo comprendieron, nunca encontró un lugar en donde poder desarrollar su propia verdad; o quién sabe… quizás su propia ficción.
Distraído, pegué media vuelta para seguir mi camino hacia la parada del colectivo. Mi torpeza al hacerlo me hizo tropezar, y como sucede en los sueños, antes de golpear mi cabeza contra el piso desperté.

Sólo cuando sueño con vampiros, y especialmente cuando los amigos del conde convierten a mi familia en sus aliados, recuerdo tan nítidamente los sueños. Esta fue una excepción. El final de la materia que me toca rendir hoy, ya no me deja ni dormir tranquilo.
Bajé del colectivo solo en la parada que durante mi paseo inconciente nunca había encontrado y empecé a caminar por la calle que hacía unas pocas horas se llamaba Avenida Historia. Eso me recordó el sueño y fue una buena forma de repasar los temas principales del examen. Llegué al bar donde me encontraba con unos compañeros para repasar. Miré para el lado del sector no fumadores. No había nadie. Fui al sector fumadores, y sería gastar palabras explicar el temblor en las piernas y el mar ardiente que atravesó mi estómago, al ver sentados no a mis amigos, sino a Marx, Freud y Nietzsche charlando a los gritos.
- Ramiro -me dijo Nietzsche-. El superhombre -y por fin conocí la sonrisa del filósofo.
Freud me miraba tranquilo y Marx, quizás ofendido por mi irrupción en sus teorías, se dirigió a Nietzsche gritando:
- ¡Él no es ningún superhombre! Sí lo es aquel capaz de realizar una profunda crítica a los valores de occidente, cuidándose de no quedar atrapado en las fuerzas reactivas. ¿Qué estuvimos hablando hasta recién? Este joven no será capaz de una crítica que le permita saltar a otros valores, crear otros nuevos, sabiendo que no son ni verdaderos ni universales. El superhombre será aquel que en definitiva, supere la Modernidad.
Ésas fueron sus palabras. Yo sólo miraba. Freud me sonreía, inmutable en su asiento, Nietzsche ya había comenzado con sus frases indescifrables. Yo seguía mirando con las piernas inmovilizadas. La tensión se menguó en el momento en el que el psicoanalista me invitó a acercarme.
- Todavía estás soñando. Pero recordá que eso no significa que no sea real. Ya hablamos de nuestros descubrimientos…

Comencé a caminar para atrás; calmándome gradualmente. Y a medida que me alejaba, una voz distante llamándome a mis espaldas, que cada vez era más cercana…

Una Noche Sospechosa (Parte II)

Una vez en el café, y luego que nos trajeran lo pedido (yo pedí un cortado y en su lugar me trajeron una ensalada de repollo en un pocillo chico), el inventor del psicoanálisis comenzó la lectura:
- “Estimado amigo Charcot: Una vez más el azar se manifiesta como autor de mis descubrimientos. Una de mis pacientes, en su relato, introdujo lo acontecido en sus sueños. Me comentó que en él se encontraba en una plantación de cerezas, muy alegre y embriagada de esas pequeñas frutas. A ella de pequeña, sus padres le prohibían comer cerezas. Yo, a partir de esto, me pregunté si los sueños serían deseos reprimidos, y la única respuesta que encontré fue afirmativa. Ahora bien, también surgió dentro de mí, el interrogante de cuál es el mecanismo que produce estos cumplimientos de los deseos; y usted sabrá perdonarme, pero me atreví a inventar algunos conceptos que pueden dar explicación a esto. El ser humano está dotado de conciencia y todos sabemos cuáles son sus productos. Pero para producir sueños hay algo capaz de dominar a ésta, y es lo que yo llamé inconsciente; el cual durante un período en donde la conciencia se encuentra debilitada, como puede ser el sueño, produce.”

Terminó de leer, y aclaró que eran esas las partes de la misiva que debía conocer. Lo otro eran sólo asuntos de su vida que no estaba dispuesto a develar.
- ¿Qué opina de lo que he descubierto? ¿Está de acuerdo con lo que dije?

Freud preguntándome sobre la validez de sus conceptos. El sueño me estaba empezando a gustar, ya no quería despertar.
- Usted con estos descubrimientos va a hacer historia, se lo aseguro -dije irónicamente y creyendo que le gustaría oírlo-. Pero al margen del mecanismo de lo que descubrió, con lo que por otra parte estoy totalmente de acuerdo -mi tono se fue acomodando hasta quedar como el de un catedrático-, debe saber que también ha inventado una temporalidad nueva: la perteneciente a los sueños que no se corresponde con la temporalidad lineal evolutiva. Este nuevo tiempo no puede ser dividido en pasado, presente y futuro.
- ¿Temporalidad lineal evolutiva? -preguntó con incertidumbre tanto en las palabras como en el rostro.
-Claro, usted no sabe de mis descubrimientos –dije, enfatizando el posesivo.
Así es que le explique en lo que consistía el Evolucionismo y él gozaba de mis palabras, mis gestos y todo lo iba anotando. También le mencioné que esta teoría se convertiría en un instrumento de dominación europea sobre territorios y manos de obra no europeos.
Apenas terminé de decir esto, desde una mesa vecina se escuchó a un barbudo y robusto hombre gritando ofuscado:
- Dominación de los capitalistas europeos. Después me dicen que el Comunismo no es la solución. Una vida de estudios y militancia para nada.

Freud invitó a aquél a sentarse a la mesa y colarse en la charla que estaba manteniendo con un joven de teorías ‘revolucionarias’. El nuevo parecía un ermitaño: pelo largo y blanco, similar barba y un largo y negro sobretodo que no descubría nada más de su vestimenta.
- Los presento. Karl, un alemán tan gritón como todos los alemanes y…
Se hizo un silencio porque no sabía mi nombre, así que intervine.
- Ramiro. Mucho gusto -le dije dándole la mano.
- ¿Por qué no le explicás tu teoría a Ramiro y que él te diga qué le parece?

Marx comenzó disgustado a explicar sus postulados: el dominio de la tierra por parte de los obreros, su forma de ver la historia. Una historia hecha por los hombres, determinada por las luchas de clases y la falsa conciencia. A medida que avanzaba en su descripción, su voz se fue haciendo más amigable, suave (ahí me di cuenta que en verdad, la voz del padre del materialismo histórico era no tan suave como aguda). E introdujo el término producción que, según él, es social, histórica y mediada. Aquí es que hice mi primera intervención.
- Usted está analizando a un hombre de un tiempo determinado e insertándolo en toda la historia. Su pensamiento es evolucionista.
- ¿Evolucionista?
- Yo le explico -dijo entusiasmado Freud.
Terminó su explicación, Marx quedó satisfecho y yo me metí nuevamente en la charla.
- Sí, usted tiene razón. Pero yo las cosas las pienso desde el presente y no desde el pasado -me recriminó suavemente.
- Otra duda me surge. Usted cree en la historia como un progreso y yo considero que la historia es construcción permanente. Ese es un punto muy contradictorio dentro de su teoría, porque habla de una historia construida por los hombres, y a la vez plantea que llegará el día en que el Comunismo dominará al mundo de la mano de la clase obrera.
Su respuesta fue levantarse e irse. Freud lo siguió, pero antes me saludó con un fuerte apretón de manos y diciendo:
- Lamento tener que irme, es que mi tren sale en 20 minutos y es largo el trayecto hasta la estación. No olvide Ramiro que todo esto es un sueño, pero no por eso no es realidad.

Una vez más estaba solo. Encima no me atrevía a pedir nada al mozo, porque un té podía significar una nueva ensalada y a mí no me gustan las verduras. Pagué la cuenta, me paré para ir a esperar el colectivo, decidido a que mi sueño se convierta nuevamente en Paraná, con su Plaza de los Bomberos, y el Fluviales que me lleva a Santa Fe. Una vez en la calle descubrí que mi sueño no había cambiado, seguía en la misma esquina en la que del hielo antártico sale fuego. Angustiado me senté en el portal de una puerta. Me encontraba abatido por no poder despertar o no querer hacerlo (en esas circunstancias, poco importaba la diferencia).
De pronto, la calle comenzó a habitarse. Personas que parecían sacadas del Jardín de las Delicias, caminaban chocándose, y gritando de tal manera que todo resultaba inentendible. Al ver que podía quedar inmerso en esta locura, decidí escaparme, correr. Llegué a un lugar desolado, donde el viento soplaba fuerte, los árboles caminaban contrariando su fuerza, y los relojes del cielo comenzaron a sonar, avisando que una nueva hora comenzaba. Fueron unos pocos metros de furiosa demencia, que quedó atrás al doblar la esquina. Encontré un nuevo umbral donde descansar mis músculos. Apoyé la cabeza en mis rodillas, y escuché la voz de un hombre enardecido y enojado. A medida que se acercaba no sólo mi temor aumentaba, sino también la claridad de sus quejas.
- ¡Poder, valor, verdad, ficciones! No producimos verdad, producimos apariencias. No existe la verdad con mayúscula, existen las verdades. Cuando una de esas verdades se alza como verdad absoluta entra en juego el poder. Lo único que producimos son ficciones. No entienden que el día que produzcamos la verdad, dejamos de producir.
Su última frase, dejó a la clara de quién se trataba.
- ¡Dios ha muerto! ¡El fundamento ha muerto!
(Continuará...)

Una noche sospechosa (Parte I)


José Ramón, vecino catador de café de diferentes bares de la ciudad, cuenta que vio al Magnánimo entrar a su casa desaforado con los manuscritos de este relato y una bolsita de tutucas casi vacía en la mano... 48 hs. después, el Lic. fue internado por una intoxicación causada por cereales adulterados. ¿Existirá relación entre su adicción a la tutuca con colorantes y este escrito? Descubrámoslo desde esta primera parte de "Una noche sospechosa".



Una noche en todas las noches. Una noche sin nada en especial, con goteras luminosas en el techo y un suave viento frío que invitaba a los jóvenes enamorados a estar abrazados como excusa.
La pasión no había terminado, pero como es costumbre cuando la oscuridad se hace dueña del día, acompañé a mi novia a tomar el colectivo que la llevaba a un nuevo día sin vernos. Miré el reloj y apuré un poco el paso para, ahora, no perder mi colectivo. El recorrido era conocido. Podía ir con los ojos vendados y no hubiera tropezado. Igual caminaba mirando al piso. Por esa razón, y por un poco de curiosidad, es que a dos cuadras de la parada me detuve a levantar unos papeles. Estaban dispersos pero doblados como cuando uno dobla las hojas para meterlas en un sobre. “Es una carta”, dije; claro que sabiendo que nadie podía escucharme, porque antes de detenerme me aseguré que no hubiera persona alguna a mi alrededor (seguramente por ser un tanto paranoico).
Quedé paralizado cuando para sorpresa no sólo de mis ojos sino de todos mis sentidos, me erguí y encontré distinta a esa noche sin nada en especial. El viento y las estrellas habían desaparecido; en lugar de estas últimas se desprendían del cielo un sin número de relojes pendulares. Lo que era viento ahora era sólo el sonido de él sin ningún soplido. La calle se presentaba adornada con flores multicolores, animales bípedos (algunos sosteniendo bastones con sus patas y otros con galera y comentando “los inconvenientes que hay hoy en día para soñar”).
Sin soltar la carta, caminé hasta la esquina en donde debía haber una pizzería (porque ahí estaba todos los días). Poco me asombré al no encontrarla, ya lo suponía. Detuve a un hombre, porque también existían seres humanos en este reino, y le pregunté dónde estaba. El personaje, vestido como si fuera la musa que inspiró a Piazzola al escribir Balada para un loco, me respondió cordialmente y sonriendo:
- ¿Cómo que dónde está? En la esquina más conocida de la ciudad: la intersección de las avenidas Utopía e Historia -dijo y echando a reír, se sacó la plancha sombrero como gesto de amabilidad, y partiendo terminó su respuesta- La esquina donde nos invade el calor antártico, donde dos más dos es seis y en donde los asiáticos tienen rulos. Otra cosa, el dueño de esa carta va a estar muy contento si se la devuelve. Está buscándola como loco.

Intenté preguntarle cómo sabía que se trataba de una carta y quién era y dónde estaba esa persona, pero ya se había alejado lo suficiente como para escucharme. De pronto, y ya desesperado, me dije para mi adentro que lo único que deseaba era encontrar… Pero no pude terminar la frase porque por mi espalda escuché la primera voz narcótica en lo que iba de mi excursión que me decía:
- Disculpe joven, esa carta es mía. ¿Sería tan amable de devolvérmela? Usted deseaba encontrarme y yo deseaba encontrarlo a usted -y comenzó a sonreír, no sé con que expresión porque no lo podía ver.

Tumbé exaltado para conocer a mi interlocutor. Un hombre de edad avanzada, delgado, de rostro pequeño, con barba blanca al igual que su corto y escaso cabello, con lentes redondos e igual de chicos que su cara. Vestido de saco y pantalones negros, como su moño. Su mano extendida esperando la carta que ella misma había escrito. Instintivamente se la entregué. El hombre me resultaba familiar, sus facciones apacibles me parecían haberlas visto en alguna foto, o luciendo en algún consultorio de la televisión.
- Gracias, no sabe lo que significa esta carta para mí.
- ¿Cómo sabía que yo estaba deseando algo? -le pregunté inmediatamente después de su agradecimiento.
- Claro, usted no tiene por qué saber a cerca de mis últimos descubrimientos. Todos los sueños son deseos diurnos. Y usted, como sabrá, está soñando.

Soñando. Entonces yo era el dueño de ese universo de figuras nacidas del delirio y el mito que en este caso se encontraban vagando en mi cabeza. Un mito vaciado de ansias de dominio. No sé si los sueños son mitos, pero que en este caso representaba leyendas inexplicables, estoy seguro.
Sin duda, que los sueños nos meten en una realidad desopilante, rara, en la cual se esclarecen interrogantes y abren otros.
- Oiga, no se perturbe, usted es el que está decidiendo aquí.

Por eso debe ser que Freud no se había marchado, que me seguía mirando con esa sonrisa tranquila que no conmovía sus labios. Revolviendo mi cabeza y volviendo al sueño, le pregunté inocentemente.
- ¿Y qué es lo que dice en la carta para ser tan importante?
- La verdad, no sé si es importante. Sólo describe ciertos síntomas que descubrí en mis últimos pacientes y que quería comentar con un amigo. Seguramente ahora usted querría saber de qué se trata. Vayamos a aquel café y pongámonos más cómodos.
(Continuará)

Refrito de Odiados (con Audio del Lic en los Chanchos)

Luego de algunas publicaciones reconciliatorias, los compiladores hemos decidido hacer honor -nuevamente- a la figura del Lic. R.- y refritamos en una entrada varios de los Odiados que han ido apareciendo en el fabuloso destino de nuestro pastor.
Esta vez, y gracias a los amigos de Difícil que el Chancho Chifle, el sentido y apasionado odio del Licenciado se hace voz.
Con uds., miserables personajes que merecen ser defenestrados.



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LA IMPUNTUALIDAD COMPULSIVA
Odiamos a todo aquel que, conciente de que está llegando tarde a un lugar, no puede evitar demorarse un poquito más y hacernos esperar un consecuente poquito más de lo que ya esperamos...

LOS VENDEDORES DESESPERADOS
Odiamos a aquellos que te quieren vender cualquier cosa, de cualquier manera; incluso eso que no le pedimos… y encima te hacen perder tiempo. Ejemplo:
- Comp.: Hola, ando buscando una remera blanca con un círculo violeta en cada hombro.
- Vendedor: A ver, ya me fijo si me queda…
Él sabe que no le queda, pero 15 minutos después viene y te dice:
- No che, no me queda. Pero vos sabés que acá tengo una muy parecida, color gris con un triángulo a la altura del ombligo. Te la traje por si te la querés probar y ver si te gusta.
… Eso es un vendedor desesperado… ¡y los odiamos! ¿O acaso no escucharon lo que les pedimos? ¡No cuesta nada decir “No tenemos”!

LAS APRIETACACHETES COMPULSIVAS
Odiamos a las señoras viejas insoportables que no pueden evitar ver un niño pequeño y apretarles los cachetes al son de alguna frase cursi balbuceante… como si los niños no fueran personas y de grandes hablaran otro idioma. Sra. Vieja, le preguntamos: ¿a Ud. Le gustaría ir por la calle en su silla de ruedas y que alguien le apriete las várices mientras con una sonrisa le dice “Ay, mire la viejita qué violeta tiene las venas, cuchi cuchi, bla blu blo”?

LOS VIEJOS OPINÓLOGOS
Odiamos con exasperación a los viejos que se creen que saben todo y que encima tienen derecho a saberlo por el simple hecho de… ¡ser viejos! No contentos con ello, opinan sobre lo que uno debería hacer, porque los jóvenes están perdidos y porque “antes las cosas estaban mejor… y te lo digo yo que lo viví, no me lo contó nadie, querido”. Sr. Viejo insoportable, le preguntamos: ¿Ud. habrá vivido también la Dictadura militar y quiere que vuelva Videla porque “antes, nene, al menos podías salir a la calle sin que te afanen y no existía la droga”? Querido viejito, la edad no otorga sabiduría por sí sola… ¡otorga volverse ‘gagá’ por naturaleza únicamente!
Mención de Honor a los viejos que manejan y se creen que son dueños de la calle... ¡también porque son viejos!

LOS DIMINUTIVISTAS COMPULSIVOS
Odiamos severamente a aquellos que a toditos los sustantivitos y adjetivitos les agregan diminutivitos. “¿Le ponemos quesito y jamoncito al sandwichito?”, “Pepito, qué lindito anda el autito”, “Se le infectó la orejita a Marianita”, “¿Vamos a dar un paseito?”, “Ay, qué hermoso cómo pinta el librito el nenito con los lapicitos”, “Pero qué tiernito cómo le pega 100 cuchilladitas el asesinito a la viejita a la que le está robando la platita de la jubilacioncita”. ¡Basta! ¡No los soportamos! ¡El mundo no es chiquito… y no todo es dulce y tierno, por favor! ¡¡Y “Pepito” ya tiene pelitos en los huevitos como para que lo sigan tratando como a un nenito!!

LOS INSULSOS COMPULSIVOS
Odiamos hasta el insulto a todos aquellos a los que “Me da lo mismo”, “Es igual”, “Me es indiferente”, “Todo bien, elegí vos”… ¡No es lo mismo la pizza con anchoas que sin anchoas! ¡No es lo mismo salir a caminar que quedarse viendo una película! ¡No es lo mismo tomar Coca-cola que tomar Pepsi! ¡Cómprense una postura en la vida, por favor, porque NO ES LO MISMO que pedirla prestada!
(Dedicado a Rodrigo Barba, un adelantado)

LOS PELUQUEROS
Los odiamos poderosamente por embusteros. Sí, porque no puede ser que luego de cortarnos el cabello nos peinen de un modo que nos hace creer que el corte nos queda bien y que por fin encontramos ese estilo que tanto buscamos; y cuando al otro día queremos hacerlo nosotros, nos damos cuenta que nunca jamás nos va a quedar como lo hizo él. ¿O tenemos que resignarnos a creer que el secreto está en todas esas cremas que usan para dejarnos el pelo monono y que, obviamente, pretenden vendernos?

LOS REENVIADORES DE FW
Odiamos hasta que nos salen juanetes a todos los ingenuos y supersticiosos que apenas les llega un FW amenazante o apocalíptico; gentil o esperanzador lo reenvían a sus contactos para que su vida no se arruine... arruinándonos la nuestra al hacernos perder tiempo. Más odiamos a los que le sacan el FW del título para que lo abramos. Les preguntamos: ¿por qué en vez de molestar a sus amigos no les mandan un mail a sus jefes para que no los eche y así su vida no se les arruina? Ah, nos olvidábamos: Hotmail no va a cerrar y dejen de desearnos mala suerte si no tenemos ganas de molestar a otros como uds. a nosotros reenviándoles estampitas... o se les va a aparecer la Llorona de la mano del Viejo de la Bolsa a los pies de la cama todas las noches!!!!!


Amelie

¿Quién borró tus flechas en las baldosas de la plaza, Amelie? No te encuentro. ¿Quién transformó el mapa en un laberinto que vuelve siempre a mí? ¿Fuiste vos?

¿De qué te escondés Amelie?

¿Por qué me das la espalda? ¿Por qué me quitás tu reflejo? Amelie, ¿por qué no puedo devolverme en tus ojos? ¿Por qué no dejás que me conozca a través de tus ojos?

¿De qué me protegés?

Sí, puede ser. Al negarme tu mirada estás siendo piadosa… no permitir que, al verme, el espejo me despierte y tenga que sentir la imposibilidad de resignarme a asumir que, en realidad, no existís y sos sólo una ilusión Amelie.

El Licenciado: personaje de algún barrio


Luego del maltrato y castigo de la publicación anterior, los Compiladores damos a conocer esta -creemos- elogiosa biografía, con la intención de recomponer la figura del Gran Iluminado. La autora de las siguientes líneas (Julia K.) nos revela datos decisivos para conocer aún más del malogrado (o bienlogrado, todavía no lo sabemos) Licenciado R.-: 1) que frecuentaba un barrio de la ciudad de Santa Fe; 2) que le gustaban los animales y Canción del Pinar; 3) que tenía una sola ceja y; 4) que, al menos,alguien tenía cariño por él. Sin más preámbulos que ensordezcan y malpredispongan sus ojos, con ustedes, lacayos, "El personaje de mi barrio".




Si tuviera que describirlo, diría que tiene los ojos muy lejos y un cigarrillo en la boca. Sobre todo el cigarrillo, aunque sería más fácil imaginarlo al revés: la boca en la colilla del filtro cual socio vitalicio que se ha transformado en otra extensión de su aparato respiratorio, con una suerte de visuales efectos psicodélicos generados por el humo constante que lo rodea. Esta (des)atmósfera gris es tan variable como las marcas innovadoras de los puchos que fuma: simulan rondar entre cierta diversidad a favor de lo múltiple y una manifestación de adhesión a un perfil contrahegemónico, aunque lo más probable sea que la elección de cigarrillos alternativos forme parte de un plan de conservación de las altas cantidades mínimas fumadas a costa de una leve retención monetaria.
Digamos que fuma mucho, y punto. Y también camina, no es difícil detectarlo; lo que sí se complica es seguirle cada paso que, a comparación del andar promedio de la población -de acuerdo con las estadísticas que tolera cualquier cuerpo rítmicamente estable-, avanza el doble que lo típico e inversamente proporcional al tiempo del común de la gente. Pero, decía, más allá del veloz desplazamiento, es fácil reconocerlo: su torso semi-encorvado como queriendo buscar “algo” y la mirada puesta por delante de sus zapatillas hacen de sus caminatas la imagen de un monje escasamente devoto, concentrado en cada baldosa venidera y en mantener su ubicación siempre-más-a-la-izquierda del que se atreva a acompañarlo.
Resulta curioso para muchos vecinos observar sus expresiones gestuales mientras conversa: moviendo las manos desde la articulación de cada hombro, la euforia de sus charlas -y ni hablar cuando se convierten en justos debates por ideales sociales- resulta contagiosa (1). Será, quizás, que -como él revela en sus sueños verdaderos- la esencia es ineludible y, a pesar de que su actividad sea otra, no puede escapar a su real vocación latente de coordinador de empresa de viajes de séptimo grado, con el impostergable “fernequetengue” (2) tan venerado.
Pero no es por su lejano aunque recordado premio a la reina de la comparsa, ni por su clásico pulóver negro -del cual siempre reniega por sus agujeros avejentados- que se le otorga el reconocimiento de “personaje del barrio”.
Algunos tienen la capacidad de predecir el futuro, otros llaman la atención por sus intereses esotéricos y la confianza depositada en factores para nada científicos. La efectiva constatación de que estos sutiles poderes metafísicos aparecen en la realidad -aplíquese aquí la trillada frase “creer o reventar”- se torna comprensible desde que los vecinos (junto con varios testigos de otros barrios) advertimos la presencia de energías especiales. Él, “La ceja”, como unos lo llaman, así de flaco, con un peinado inocente y cierta enternecedora mirada aprendida después de horas dedicadas a calcarse del espejo imitando expresividades tan conmovedoras como la Canción del pinar -su tema preferido-, tiene la insólita capacidad de infundir “saladez” (3). Frente a fenómenos de esta índole, muchas veces no se distingue la frontera precisa entre verdaderos dones innatos y la convalidación social que construye la imagen del virtuoso de acuerdo con una suerte de regularidades copiosas. Tal vez aquél talento sea solamente un mito de barrio, alguna especulación ficticia o una necesaria excusa para encontrar a quién atribuirle los cotidianos vaivenes perjudiciales.
Muy probablemente, si Toronja, Napoleona Josefina, Homero y Ulises Simón Hugo Peperino hablaran, la incógnita podría ser revelada. Lástima que, al tratarse de sus mascotas, el afán deviene quimera. Se tratará, entonces, de aceptar una cuota de casualidad contingente y continuar compartiendo el honor de vivir en el barrio con él, sus infinitas cualidades admirables y el cariño que muchos le tenemos, más allá de la incertidumbre del albur que nos haya legado.

(1) Vale la pena mencionar algunas de sus frases célebres y paráfrasis anecdóticas. “Ser bueno, definitivamente, no es negocio”, argumenta por costumbre y, con dejos de ironía, defiende sin paradojas que “la conciencia del fracaso hace más vigoroso el fracaso”, entre otras cosas. Confiesa ser “adicto a la razón” y, en su incansable insistencia contra el absurdo y la desidia, enseña más de lo que pretende; “la felicidad está en lo que hacemos, no en tener lo que tenemos”, es, tal vez, el compendio de su valentía, responsabilidad y filosofía.
(2) Evocación informal a la bebida alcohólica cuyo origen se remonta a los albores de la edad del consumidor en cuestión.
(3) Con este vocablo se intenta a la transfusión de lo que se conoce comunmente como "mala racha".

Foto: Ulises Simón Hugo Peperino, una de sus mascotas.

Resultado de la Encuesta

Como uds. verán, la encuesta que intentaba develar los más odiados de los seguidores del Lic. R ha dado por resultado un EMPATE TÉCNICO entre Los Viejos Opinólogos y el Licenciado R.-
No nos sorprende que el Magnánimo esté entre las preferencias del público.
Pero como los Compiladores (y el mismísimo Licenciado) alentamos la "no tibieza" nos parece un despropósito dejar este resultado. Por tal motivo, tal Cobos con sueño y miedoso, definiremos con nuestro voto al más odiado de este blog.
¡Y sí plebeyos! Los compiladores, lo vamos a confesar, votamos por odiar a... EL LICENCIADO R.-

Sí, lo odiamos con saña... hasta la sarna. ¿Por qué? Porque dice lo que no queremos escuchar; porque sabemos que tiene razón y no lo queremos aceptar... porque nos gustaría poder decirle "No tenés razón", y no podemos; arruinándonos nuestra feliz falsa conciencia. Y porqué, por último, sabemos que él tampoco quisiera tener razón... A ver "titulito de grado de morondanga"... ¿a Ud. le caería bien que le digamos que el universo que lo sostiene medianamente equilibrado es una farsa? ¿Qué sabemos que ya lo sabe y que no hace nada para cambiarlo? ¡No! ¡No lo quisiera! Entonces, ¡déjenos vivir como podemos y viva ud. también (si es que no ha muerto) como pueda... porque a veces está buenísimo sentirse contento y tener alguna ilusión que perseguir! Si total, para rompernos la cabeza contra la pared siempre hay tiempo; y de última, déjenos que nos la rompamos si tenemos ganas... Lo detestamos!!!!

(Queremos también convocar a los comentadores a que envíen por este medio sus propios odiados... ya que los Compiladores hemos depositado demasiadas fuerzas en odiar al Licenciado y creemos que por un tiempito estaremos sin odiar a nadie más)

Pensamiento inesperado (Correspondencia)

Sí, tal vez estoy en uno de esos días en los que creo convencido que es imposible escaparse de uno mismo... y me molesta sentir que ese uno mismo no es el de hoy, sino el que fue; allá en algún otro cuerpo.

O no saberlo. Sí. Creo que me molesta no saber también ahora que pienso.

Tal vez, es uno de esos días en lo que podría afirmar la existencia del destino, y trágicamente (porque lo trágico es lo irreversible…) gritar que él ya llegó hace un tiempo, cuando no me di cuenta.

Tal vez es uno de esos días en los que siento que el eterno retorno de lo mismo es verdadero, existe… y es inexorable. Y se te caga de risa a tus espaldas, escondido; dejando asomarse en los momentos que sabe lastima.

Pero lo peor de todo es, sin duda, vuelvo a pensar: no saberlo. La incertidumbre es el cáncer del neurótico... Y yo, hoy y ayer, soy neurótico. Un cáncer perenne que consume hasta el penúltimo bocado; y al filo del fin vomita para poder recomenzar a gozar.

¿Y qué puede hacer un neurótico en la ausencia de la palabra? No saber, es decir, zigzaguear hacia la muerte sin alcanzarla jamás. Sádico y cruel, ya que no hay fin… sí parálisis.

Pero -insisto- lo peor es no saber... inclusive, siquiera saber si esa ausencia de palabras es real.

O, tal vez, es hoy uno de esos días en los que puedo escribir y buscar la palabra ajena.

Sin dudas -ahora que pienso- hay algo mucho más mortificante y mortífero que no saber: pensar solo y para-y-en-uno-mismo; ausente… ido de aquellos espejos que refractan la verdad soliloquia.

Cuando me hablan del Destino - Homenaje a Fontanarrosa

¡Plebeyos! Adelantándonos unos días a la celebración del día del amigo y a un nuevo aniversario de la "muerte" del soberbio Roberto Negro Fontanarrosa, los Compiladores hemos decidido publicar este escrito sentido y esquizofrénico que el Magnánimo Licenciado R escribió dos días después de aquella tragedia (Tragedia es aquello irreversible, que no puede cambiarse). Por otro lado, abonamos a la propuesta de modificar la fecha del día del amigo. ¿Qué es más representativo de la Amistad? ¿Un tipo que todavía ni se sabe si anduvo por la Luna y encima solo; o la evidencia del amor de "La Mesa de los Galanes" del Bar El Cairo?




Cuando me hablan del destino -dice Joaquín Sabina- cambio de conversación... Joaquín, estás advertido: vamos a divagar un poco sobre el destino...
¿Qué es el destino? ¿Qué es lo inexorable del destino? A la primera pregunta, no le vamos a encontrar respuesta satisfactoria en unas pocas líneas, pero a la segunda quizás sí, con la seguridad sin embargo, de simplificar la cuestión: lo que no podemos evitar, mis amigos, es la muerte.
“Eso es falso”, grita desde algún fondo insondable, el que siempre se opone a mí mismo -o sea, yo-. “Bueno, a ver... maticemos un poco la cuestión: es en parte falso” -se ataja el que se opone, quizás intimidado por algún carraspeo del prudente, que en ocasiones suele hacerme zafar de afirmaciones riesgosas-.
“Lo que es inevitable es que el cuerpo se vaya arruinando, o se arruine de un saque; que el corazón se torne monopolista y traicione al comunismo sanguíneo tal Gorbachov, paradójicamente, rojo, y concentre la totalidad de la riqueza hemoglobinal, destinando al resto de los tejidos a la exclusión biológica... en definitiva, lo inexorable es que el cuerpo deje de funcionar, y debido a causas higiénicas, nos entierren, cremen, tiren al mar o, lo que ustedes se imaginen... lo que está claro, es que en un momento dejamos de respirar.”
¿Y la parte falsa?, pregunté habilitando al que aparentemente sabe de estos temas en mí. “Bueno, lo falso de su afirmación -me dijo pausadamente, denotando incertidumbre sobre el tema, o nerviosismo ante la presión de haber sido llamado “el que sabe”- es que a veces nos podemos cagar de risa del destino, es decir, de lo que usted llama la muerte, y por más que el cuerpo deje de funcionar, no morimos.”
Me parece que retomaré las reuniones semanales con el psicoanalista, porque a las claras está que alguna disyuntiva interna se evidencia: uno dice que la muerte es lo inexorable, y el otro que podemos ser inmortales...
Contraataco: compañero inefable yo le puedo asegurar que la gente se muere, y a veces cuando no debería morirse. Y se lo afirmo porque conocí mucha gente que ya no está más, que no la veo más, y cuyo nombre ya ha sido estampado en las necrológicas del periódico local: se murió, no está más.
“Ah, bueno... pero usted está confundido -o sea, él y yo lo estamos-. Hable con propiedad: en primer lugar, en el terreno de lo biológico, no existe el deber: es, y punto; por lo tanto, si se murió, se murió, se lo merezca o no... y, obviamente, hay quienes hacen lo posible por vivir, y otros no, y hay quienes directamente buscan morir. En segundo lugar, usted confunde la muerte con lo insoportable de no ver más a una persona que, quizás, hasta hace muy poco tiempo, veía y escuchaba, etc. Lo insoportable es incalificable, inexplicable, inexpresable, incomunicable, intratable. Pero déjeme que le explique con un ejemplo lo que le quiero decir.”
Mejor, porque encima se puso a hablar medio en difícil, y yo ya me estaba perdiendo -en mí mismo-.

“Supongamos -comenzó con su ejemplo- que se muriera Roberto Fontanarrosa, el dibujante, narrador, escritor, humorista, etc. El negro, el rosarino, hincha de Central... bueno, ése. ¿Usted realmente cree que el Negro se muere? Le pregunto: se muere Fontanarrosa, ¿y desaparecen Inodoro, Mendieta, Eulogia, los loros, los libros, los cuentos, y por qué no, se evapora la historieta que tenemos autografiada por él, pegada en el placard? Es decir, se muere el Negro, se pierde todo eso... O sea, ¿creemos sinceramente que el Negro muere? Es más, hoy supongamos que leemos en el diario “Murió Fontanarrosa”, e inmediatamente pensamos “No me acuerdo quién es Fontanarrosa, no me acuerdo de sus libros, de sus dibujos, de su cara, de su sonrisa, etc...”
Está bien, en eso tiene razón. Pero qué sé yo, me resulta insoportable saber que no los vamos a poder encontrar. Siguiendo el ejemplo: la silla de El Cairo vacía, la mujer cuando se levante no lo va a poder ver, sus hijos tampoco. ¡La platea en la cancha! ¿Me entiende?
“Claro, lo entiendo. Por eso le decía que en parte es falso... pero insisto: lo insoportable es eso, y eso se lo llama muerte, si me permite: no volverlo a ver presen... es más, ¿sabe qué? Ni eso puedo asegurar... porque va a la biblioteca, y ahí está, va a la cancha y la platea vacía le recuerda que ahí está presente, en su ausencia, el Negro... o porque se muera el negro, usted cada vez que le pregunten cómo anda, va a dejar de decir “Mal, pero acostumbráu...” A ver Ramiro, estos tipos, como el Negro por ejemplo, se le cagan de risa a la muerte... lo que pasa es que la muerte tampoco es boluda: tiene sus límites... ¿o acaso usted permite que se le caguen de risa tan impunemente? Diría la muerte:
- Bueno, hasta acá llegaste... ya está, te ganaste la inmortalidad... suficiente, tampoco me vas a dejar mal parada viste.
En definitiva, lo que hace la muerte, en este caso, es cortar el flujo infinito de ideas, chistes, viñetas, libros, cuadros, y toda obra por la cual estos tipos ya son inmortales... porque fundamentalmente lo que conquistan es el recuerdo.”
Y sí, debe ser así... ahora, ¿se puso a pensar qué viñeta ocuparía el día después de la muerte de Fontanarrosa, su lugar en la contratapa del “gran diario argentino”?
Casi sin dejarme terminar, el que siempre se opone, o para sin dar más vuelta, yo mismo pensé: “¡Obvio! sería el Negro llegando a la recepción de la oficina de la muerte, y frenándose ante el mostrador de su secretario, lo increparía tímidamente, diciéndole:
- Buenas tardes. Quisiera hablar con la sra. Muerte.
Y del otro lado del escritorio, indiferente y sin mirarlo, el tipo le respondería: “Sí, claro... ¿tiene cita?”

Homenaje a Roberto “Negro” Fontanarrosa
21 de julio de 2007.

Tratado sobre la Culpa


En este breve Tratado, el Magnánimo nos devela una de las causas del comportamiento humano... Luego de repasar este ensayo, podemos descubrir, sus compliladores, porqué el Licenciado desapareció siendo pobre.

El otro día -como en muchos días- quise hacer una pequeña maldad inofensiva… y no me animé -como en esos muchos otros días-. No viene al caso saber qué maldad era, pero entonces me pregunté: ¿por qué no lo hice? Bueno, lo primero que podemos llegar a pensar es “porque está mal”, o “porque es inmoral”, o “porque eso no se hace”. Pero todo eso ya lo sabemos y además es retórico, o sea, no responde a la pregunta, sino que la reproduce.
Lo segundo que podemos intentar responder al respecto es: “porque si me ven o me descubren estoy frito”. He aquí pues que se me ocurrió plantear la siguiente situación para ver si era esta la verdadera razón inhibidora de maldades. Supongamos que baja Dios (primero deberíamos suponer que Dios existe para suponer que baja… y ahora que pienso, deberíamos suponer que vive algunos pisos más arriba que nosotros, pero demos esto por supuesto… hay pruebas evidentes, como las de la Biblia, que así lo atestiguan) y nos dice: “Yo te garantizo con absoluta certeza, hijo mío, que nadie se va a enterar nunca jamás ni en este mundo ni en el más allá que vas a cometer la maldad que tanto deseas cometer.” La pregunta, en definitiva, es: con este garante de por medio, ¿lo hacemos o no lo hacemos? Definitivamente, lo hacemos…
Toda esta situación me hizo concluir, entonces, que cuando no hacemos algo que deseamos, y que sabemos no sería correcto, lo que nos impide llevarlo a cabo no es ni la moral ni la ley; es, simplemente, el sentimiento de culpa… la culpa, siempre la culpa. Si fuera un acto moralmente malo, sería incondicional el no hacerlo y no quedaría pendiente de si alguien me ve o no me ve. Si fuera una cuestión de leyes, lo mismo: el respeto al pacto intersubjetivamente acordado debería ser motivo suficiente para que no cometa ninguna maldad. Pero evidentemente en la situación descrita este respeto desaparece apenas desaparece también el ojo panóptico. Nos queda, por lo tanto, despejado el camino para explicar porqué la culpa está siempre detrás de todas nuestras inhibiciones.

Algo esencial para nuestras conjeturas es que, en alemán, culpa se dice schuld, que además significa deuda. En su Genealogía de la Moral, Nietzsche dice que “el capital concepto «culpa» (Schuld) proviene del material concepto «tener deudas» (Schulden).” Así pues, sentir culpa es estar en deuda. Y aquí otra consideración: se puede estar en deuda con los demás, pero también con uno mismo. Cuando uno no hace algo que desea y que a lo sumo molestará un poquito a otros (o ni siquiera eso, porque no podemos saber cómo va a reaccionar el otro) lo deja de hacer para no sentirse en deuda con los otros; entonces, no le debe nada a nadie y puede vivir tranquilo… pero ¡minga, uno no vive tranquilo, todo lo contrario! Porque el no hacerlo es estar en deuda con uno mismo y ahí es cuando masculla bronca, habla solo, le agarra gastritis, entre otras desagradables cosas. Y pregunto, los que viven tranquilos y sin enfermarse, ¿quiénes son? Los otros, exacto… aquellos a los que le simplificamos las cosas, no los molestamos, les satisfacemos los caprichos y les correspondemos pagándoles “nuestras deudas” con, ni más ni menos, que nuestra salud mental y nuestro deseo reprimido. Y mientras tanto, nosotros seguimos postergando lo que queremos hacer, para… no quedar mal con los otros.
Mientras tanto, es muy interesante hacer una breve consideración sobre una de las consecuencias de sentir culpa. Cuando uno le debe algo a alguien, y no lo paga, sufre una pena; sí, un castigo por su falta. Es curioso mencionar que cuando uno hace algo que no quiere por otro, se fundamenta en la siguiente razón: “Es que mirá, pobre, me da pena.” Irrefutable muestra de cómo actúa la culpa en nuestro comportamiento. Sin embargo, lo terrible de todo esto es que al actuar de este modo, quien se infringe castigo, es decir la pena, es uno mismo. ¡Sí! ¡Encima somos masoquistas que creemos que al otro le va a importar que nos inmolemos por nada!
Igualmente, es necesario aclarar que no todos los seres humanos operan así. Ya lo dijo Nietzsche: hay deudores y acreedores. Para que exista un deudor, tiene que existir un acreedor, y viceversa. En otras palabras, para que existan personas que sientan culpa, se necesitan aquellos que no la sienten y que, además, son concientes de que otros sí la sienten y se aprovechan; porque no sólo son acreedores, sino también usureros prestamistas que te revientan con los intereses del préstamo. En otras palabras, te trabajan la culpa. ¿Quiénes, pues, son deudores? Simple: los más conocidos como ‘buenos tipos’ o ‘buenas tipas’. Exacto, los buenos; los mismos que no toleran deberle nada a nadie porque, supuestamente, está mal; aquellos que pagan al día sus deudas; los que cumplen religiosamente con sus deberes y que hacen ‘lo que tienen que hacer’, con el agravante de que todavía piensan o esperan que el otro se lo reconozca o agradezca… y el otro, en realidad, si es un acreedor a lo sumo te dará una palmadita en la espalda y al son de un “Bien pibe, no esperaba menos de vos”, se irá chocho de la vida porque alguien le hizo un favor… o sea, le ahorró trabajo. Y no duden que a la primera de cambio, luego de sus “agradecimientos”, nos haga él a nosotros, lo mismo que nosotros, por culpa, no quisimos hacerle.

Para comenzar a concluir este breve tratado sobre la culpa, debemos decir con certeza, y sin miedo a equivocarnos, que todo lo expuesto hasta aquí no hace más que afirmar, confirmar y dar cuenta de algo que nos insiste en nuestras cabezas desde hace ya largo tiempo… Señores, ¡Ser bueno, definitivamente, no es negocio! O, ahora que ya lo sabemos, ¡Sentir culpa no es negocio! Y no lo será hasta en tanto y en cuanto no sepamos que por hacer lo que sentimos y queremos, no le generamos ningún mal a nadie; todo lo contrario, nos hacemos un bien a nosotros mismos e inclusive a los demás que, ahora sí, van a tener que acumular riquezas con el sudor de su propia frente… como, por otro lado, siempre debió haber sido.

EL LIC., ¿ERA HOMOSEXUAL?

Perplejos, los compiladores, nos hemos encontrado con esta incipiente sospecha que, aparentemente, surge como rumor por el Bº María Selva, allá en los ’90, luego de un bailongo en el cual el Lic. aparece como se lo ve en la foto que ilustra esta publicación. A partir de ello, los vecinos del tradicional barrio obrero santafesino, se convocaron en asamblea popular para discutir sobre la sexualidad del Magnánimo. ¿Habrá sido parte de su apertura mental? ¿Su urgencia en experimentar todo lo posible? ¿Su ansiedad de aventuras? ¿Culpa de su adicción a los Ositos Yummy? ¿Se habría quedado sin ropa y le afanó el Vestido a la Nona? Preguntas que se suman a las sospechas que aquí explicitamos…
¿Por qué el Lic. podría haber preferido hacerle cucharita a un varón? Veamos algunas hipótesis… Si conoce Ud. alguna prueba que confirme o refute, se agradece la publique, ya que nuestra intención es descubrir las huellas del Fabuloso Destino del Licenciado R.-; y no juzgar la sexualidad de nadieS.

1.- La foto es elocuente: gustaba vestirse con carteras y tacos altos… aunque no se depilaba las piernas.
2.- Se definía a sí mismo como “un soltero compulsivo”… aunque también puede deberse a una extrema defensa de sus fracasos amorosos.
3.- En sus relaciones amorosas con mujeres, siempre fue él la parte más comprometida en la pareja… y la vez que no lo fue, salió rajando.
4.- Denotaba ciertas conductas histéricas. Por ejemplo, el ítem. anterior.
5.- Siempre se hacía amigo de las mujeres que podían atraerlo sexualmente… ¿habrá sido una estrategia para que ellas le prestaran sus ropas?
6.- Después de Rayuela, su novela preferida era “Nosotras que nos queremos tanto”, de Marcela Serrano.
7.- En sus últimas apariciones públicas, defenestraba al fanatismo por el fútbol.
8.- Nunca eructó delante de una dama…
9.- Decía que era feminista
10.- La más definitiva de las razones: fue Reina de una Comparsa en los Corsos de Gálvez (aunque de esto no hay registros audiovisuales… sólo la confianza en su palabra)

A medida que esta investigación prosiga, iremos proporcionando más datos para confirmar o no la supuesta Homosexualidad de nuestro Sócrates lagunero.
¿Ud. qué opina: lo era?

Descargo Necesario del Gén. Masculino (Cap. IV)

¡Camaradas! Con este escrito llegamos hasta el, por ahora, final de esta saga autobiográfica de nuestro extrañado Licenciado. En esta oportunidad les traemos el erudito y neurótico análisis sobre las frases célebres con las cuales una mujer despacha a un hombre... y también, dentro de ese mismo análisis, las respuestas que podríamos darles para que, de una vez por todas, se hagan cargo de sus actos y no nos encajen el problema a nosotros. Sin más preámbulos, el Capítulo IV del DESCARGO NECESARIO DEL GÉNERO MASCULINO. ¡Ah! El texto que sigue es "largo"... pero muy bueno.-
Para los que se quejan de la longitud de la obra del magnánimo, a continuación el audio de este Descargo. Es un archivo de colección en el cual el podremos escuchar la voz del Lic. Se trata de su participación en el programa radial Difícil que el Chancho Chifle. No sabemos cuándo ni dónde ocurrió... pero sí que nos revela más datos sobre la identidad de nuestro guía.
¡Gracias Chanchos! El Universo está en deuda con Uds.




Capítulo IV: "No sos vos, soy yo"
¿Qué inspira las siguientes consideraciones? Precisamente el momento en el cual nos sentimos como si hubiésemos quedado en plena madrugada de invierno pateando piedritas por una desolada calle, solos, esperando un colectivo que nunca llega, nadando en la absoluta incertidumbre, fumando, mascando bronca y repitiendo una y otra vez, con el solo auditorio de perros que se acomodan entre los pastos secos y escarchados en busca de calor, “¿por qué?”. Es decir amigos, estoy inspirado en el instante que nunca deja de suceder y que con el correr de los días se nos torna eterno; estoy inspirado en el instante en el que escuchamos “No sos vos… soy yo”.
¿Quién no ha sido víctima y victimario alguna vez de dicha excusa? Pero sucede que la pequeña frasecilla anteriormente presentada esconde las verdades que sólo a pocos neuróticos se nos ocurre intentar dilucidar. En primer lugar, es obvio que ese “soy yo” es mentira -o una verdad a medias- porque si fueras vos, andá a un psicólogo y santo remedio… pero en lugar de pedir turno para hacer terapia en un consultorio, a los pocos días de abandonarnos se “analizan” con sus amigas en algún antro bailable. Por lo tanto, “no soy yo, sos vos”. Muchísimo más obvio que lo anterior es el hecho de que una pareja la conforman dos personas, ergo, en el último de los casos, seremos los dos.
Claro está, la originalidad tiñe de a momentos la tajante afirmación, y entonces nos encontramos con algunas variantes que dejan sin efecto las respuestas anteriores. Quiero aclarar que, además, este análisis que estamos por hacer pretende erigirse también como herramienta para que nosotros, los Hombres, podamos contrarrestar las mentiras a las que quieren someternos con las siguientes “excusas”. Presten atención belludos… he aquí lo que podemos responder al ser abandonados, no para que se arrepientan, sino para que se hagan cargo de lo que están ocultándonos.

1.- “Quiero estar sola”: Ok, si querés te compro una isla y hacés la gran Robinson Crusoe, porque es la única chance de que estés sola. Es físicamente imposible estar sola o solo. Problema resuelto. Pero claro, ante la lógica, podrían argumentar…

2.- “No, tonto… No quiero estar con nadie en pareja; ¿entendés ahora?” A ver… primero: ¿estás con alguien más además de conmigo? Supongamos que sí, espero que los demás sufran mi misma suerte; sino habría una mentira de por medio y no una verdad encubierta. Supongamos que no, por favor… entonces, ¿por qué no sos clara? “No quiero estar con nadie, significa “No quiero estar con vos” y no hay más vueltas. Quizás la claridad en los asuntos nos puede llegar a ahorrar sospechas, incertidumbres, preguntas introspectivas, dudas, inseguridades, angustias, culpas, e inclusive la bajeza de los ruegos. Claro, es más fácil ahorrarse explicaciones para quien se esconde detrás de la retórica…

3.- “Estoy confundida, no sé lo que me pasa”. Volvemos al comienzo: andá al psicólogo o, en el peor de los casos, dejá que te compre un libro de Paulo Cohelo, pero no me hago responsable; y si no lo entendés, te ayudo a leerlo. También existen los curanderos… que son como Cohelo, pero con peores publicistas. Dejo de lado a los curas sanadores, porque me parece que están para cosas más importantes. El Gauchito Gil me dijeron es efectivo y da tranquilidad a quien lo consulta (y le lleva alguna ofrenda, obvio).
Me permito una breve digresión: los boliches o pubs son espacios donde la música aturde, las luces y los flashes hacen que uno pierda cierto sentido de la ubicación, se venden bebidas alcohólicas que le perturban a uno la sensibilidad y la capacidad de reflexión; la gente te empuja, te pisa, te grita… ergo, si estás confundida o no sabés lo que te pasa, ¡el último lugar al que tenés que ir cuando cortaste con tu novio es de joda al boliche si no querés seguir confundida! Y sin embargo, es al primer lugar donde van… qué curioso, ¿no?

4.- “Necesito un tiempo”. Primero: ¿tiempo para qué? ¿Para encontrar respuesta al estar confundida? Acá se me ocurren dos posibilidades. La primera, levántense más temprano o no duerman la siesta… eso les va a dar más tiempo. También pueden hacerse adictas al éxtasis o la cocaína y estar saltando todo el día… les va a arruinar el cuerpo, pero no van a dormir y van a obtener ese tiempo tan deseado. La otra: cómprense un reloj… o, también ya que está de moda, cómprense un celular nuevo que vienen re mononos y con reloj y despertador incluido. Sinceramente, jamás me enteré que por el hecho de que una pareja se separe, las agujas del reloj hayan dejado de girar y eso dé un tiempo extra. El tiempo sigue pasando con o sin novio.

5.- Pero sin dudas la excusa que se lleva todos los laureles, la excusa que está al tope del ranking de excusas insólitas, la excusa con la que definitivamente se sacan el problema de encima y como si eso no les bastara lo empaquetan, le ponen un moñito y te lo encajan a vos, haciéndote cargo, además, del pago del cadete con el que te lo envían es: “No estoy a tu altura” o “Te merecés alguien mejor que yo”. A ver… en primer lugar, dejame decidir a mí cuánto mido o con quién merezco o no merezco estar; y si de muy última tengo ganas de engañarme a mí mismo, ¡problema mío, no tuyo! Si no tengo autoestima y quiero estar con alguien inferior a mí, capaz lo hago para sentirme superior o porque realmente creo que estamos a la misma altura… si tanto saben con quién y con quién no debe estar una persona, háganse consultoras amorosas y se van a llenar de plata; pero no me digan lo que tengo que hacer, por favor. ¿O acaso no estabas confundida? Si estás confundida, será porque no sabés lo que vos querés o merecés… entonces menos vas a saber lo que yo necesito o quiero.
Segundo: supongamos que no encubren ninguna verdad y que realmente se sienten en una posición inferior… ¿y el deseo de autosuperarse? ¿La voluntad de ser una mejor persona? ¿De crecer? ¿Qué más se podría desear que poder ser amado por una persona supuestamente mejor que uno? ¿Con quién pretenden estar? ¿Con un tipo que las estanque, las paralice siempre en el mismo lugar, que no les permita crecer… un tipo que no sabe lo que quiere? Si es así, les comento: ¡esos tipos también están confundidos y les van a agregar mayor confusión a la que uds. dicen tener!
Lo que sigue es una especie de Bonus Track, la más bizarra y absurda de las variantes dentro de la gama descripta en el presente parágrafo. Casi como un chiste de mal gusto me han llegado a decir: “Vos tenés muchas virtudes y a las mujeres eso no nos gusta”. Si fuera una tira de Condorito, este párrafo terminaría con un “Plop!” o bien con un “Exijo una explicación”. Pero no lo es, aunque nadie me crea. Pregunto: ¿uds. se enamoran de los defectuosos? Y supongamos que sí -porque a esta altura ya me creo cualquier zapallo, y de uds. se puede esperar lo que sea- una vez que se enamoran de un defecto, pasa a ser una virtud, un objeto bello… Nadie se enamora de lo que no le gusta; y si le gusta es porque lo considera al menos atractivo.
Ah, pero el motivo al que le adjudican lo anterior es a que “a nosotros nos gusta renegar”… y digo, de onda, ya que les gusta renegar: ¿por qué no se compran un Cubo Mágico y tratan de armarlo? Total uds. querían tiempo, ¿no? Bueno, el tiempo que se ahorran estando solas lo pueden ocupar con eso… te hace renegar como loco ¡y encima es divertido! También se me ocurre, para finalizar, que si lo que quieren es renegar, lo pueden hacer aprendiendo a cocinar, lavar la ropa, planchar, baldear y a ser la perfecta “Señorita de San Nicolás”, porque si de renegar se trata, lo van a conseguir estando con un machista retrógrado celoso y posesivo que todavía se fanatiza con la idea de que la mujer tiene su lugar en la casa y que las minifaldas y los escotes pronunciados son para que sólo él las vea o sino para el uso exclusivo de las mujeres vaciadas de prejuicios (lo que ellos llaman “trolas”). Y por si todavía no se enteraron… a esta clase de bestias no les gusta renegar; así que o bien cumplen con sus mandatos o siguen buscando al príncipe azul que, en realidad, no quieren encontrar… o que cuando encuentran, lo despachan con alguna de las anteriores burradas.

Descargo Necesario del Gén. Masculino (Cap. III - 2da. Parte)

3. Si bien La Conspiración se pretende llevar a escala mundial, abarcando todas y cada una de las esferas en las que participan ambos sexos, nos limitaremos aquí, por razones obvias y también espacio-temporales, al análisis de las relaciones amorosas. Meses y meses, tal vez años, de fracasos y frustraciones nos envuelven y abrazan siempre a la misma duda: ¿cómo es posible que la reina que acompañó nuestros días y a quién juramos amar (no eternamente porque eso ya sería faltar a la verdad) y respetar en su independencia, prefiere, casi siempre, a “esos chicos modernos/tan originales/todos tatuados/llenos de abdominales” ? ¿Cómo es posible que los misóginos de siempre, los machistas, los censuradores de mini-faldas (en sus novias, porque bien que avalan verle el culo a las demás), los mentirosos, los descomprometidos sean la “elección” de las mujeres? Siempre, en los períodos de duelo, pasamos, inevitablemente, por esas preguntas. Nos inclinamos hacia el alcohol, las drogas, los tranquilizantes buscando las respuestas y nada: jamás damos en la tecla, porque encima, cuando median los sentimientos corremos el riesgo de conformarnos con un “a los sentimientos es imposible entenderlos… ni siquiera se los elige”. ¡Falso señoritas… falso acá y en Sri Lanka! En esas palabras se escudan para seguir escondiendo su plan de Dominación. Acá, la verdadera historia de finales del siglo XX y principios del XXI… de ahora en más, está en nuestras manos acabar con ella.
Siguiendo a Platón (pavadita de sponsor nos buscamos), una relación amorosa se funda en la siguiente tríada: un amante, un ser amado y un objeto deseado. Podríamos esgrimir que, muy frecuentemente, esta tríada, si bien diferenciada en instancias distintas, coinciden en el contenido. Quiero decir: el amante encuentra en el amado un objeto que desea y del cual no puede dar cuenta la mayoría de las veces (“¿Qué te gusta de mi?”, suele preguntarse; a lo que se responde: “No sé, pero me gustás”). Hay quienes creemos que lo que amamos del otro, es a nosotros mismos pero de manera inconciente. El objeto amado no sería más, entonces, que nosotros mismos pero objetivados en otra persona. Cuando uno se enamora, aflora lo mejor de uno: uno se cree libre porque sabe que está en condiciones de dar la vida por aquella persona que ama (N. de la R.: si alguna bestia ha llegado a esta parte del ensayo, y no entiende nada; les decimos: esto es AMOR)… en definitiva; se siente feliz. Por eso, creemos desde estas páginas, que uno al enamorarse, está viéndose en un espejo, viendo un reflejo que lo deslumbra… somos nosotros mismos en otro cuerpo: amante y ser amado se condensan en un solo cuerpo y alma para derribar al mundo circundante en un suspiro febril e incontenible .
Entonces, ¿qué es lo que ve una mujer en un hombre cuando se enamora? Bueno, dijimos que a ella misma. Y he aquí, amigotes, el secreto ya de características especulativas, teológicas que estamos a punto de desenmascarar. ¿Por qué creen que un romántico aburre; por qué un Hombre no llena a una mujer? Porque un Hombre que las ama sin más, que no les exige, que las quiere libres, que las considera iguales no refleja la esencia de las mujeres. En su búsqueda de igualdad, las mujeres han venido (en los últimos 30 años, aproximadamente) arrasando con todo lo que encuentran a su paso; se lo llevan por delante y siguen camino. ¿Qué puede encontrar de atractivo una mujer en un Hombre que ya, a priori, las considera libres y bellas? Nada, absolutamente nada. Ya estamos dominados desde el momento en que expresamos nuestro AMOR; desde el momento que nuestros ojos descansan en sus labios entreabiertos para admirarlas y vivir por siempre, mientras tres o cuatro dedos sienten lo objetivamente bello de sus mejillas; hemos perdido la guerra: ellas ya son concientes que no tienen nada sobre lo cual avanzar; no encuentran su motor; en otras palabras, el objeto deseado se ha perdido: el dominio.
Sí, amigos heridos, lamentablemente, somos la causa de nuestra propia derrota. No hay más que decir: somos la condición de posibilidad de las bestias; de que las mujeres nos destruyan; en realidad, que nos ignoren o, más bien, nos reconozcan, se den cuenta que no hay más nada por hacer con nosotros y sigan su itinerario. Se quedan con las bestias porque en ellos sí encuentran el deseo de dominar; de transformarlos, de adecuarlos a sus formas. Buscan dominarlos, domarlos; ahí está la atracción. Se les presenta una tarea: cambiarlos… un desafío: que sean como ellas quieren. Va cayendo Troya ante las tropas de Aquiles… y, para peor, no tienen talón. Son fuertes, inteligentes, autosuficientes, independientes, prácticas, “vivas”… en una palabra, son superiores. Nada ni nadie las va detener. Bestias: van en su búsqueda… no opongan resistencia, porque no existe contra ellas.
Pero -y con esto vamos concluyendo este capítulo- hay algo aun más novedoso y sobresaliente. Actuando de esta manera, se entra en un círculo vicioso imposible de sortear. Dijo (y dice) Sabina: “ayer no me quisiste, hoy no te quiero… mañana no tendremos a quien querer”. No nos quieren a los Hombres por las razones ya esgrimidas; quieren a las bestias o, mejor, se quieren a sí mismas y su deseo de dominación, queriendo a las bestias. Entonces, ayer nos quisieron y no nos quisieron: estamos dominados. Hoy, son los otros: su desafío… los quieren para dominarlos (ejemplos sobran de tipos que han cambiado). ¿Y mañana? Ja! ¿Se dan cuenta? Es como dice Platón… la injusticia engendra más injusticia… no se saca nada bueno de ella. El círculo se cierra en que una vez que cambian, que están en iguales condiciones que nosotros: ¿qué piensan hacer con las ex – bestias? Una vez dominados; ¿qué hacemos con el objeto deseado? Lo pierden y así perdemos todos. Mañana no tendrán a quien querer. A menos que lo buscado sea la dictadura de la soledad… irremediablemente, vamos camino al fin de la historia. ¡Están en el programa de acabar con el deseo! La lucha que están emprendiendo, necesariamente, termina en el holocausto humano.
La Conspiración ha sido develada: así como somos su condición de posibilidad, también somos su tumba… una vez autoconcientes de ellos… podremos tomar las armas e iniciar el contraataque. Pero eso, eso es tema de un Capítulo final “revolucionario”.

Descargo Necesario del Gén. Masculino (Capítulo III - 1Ra. Parte)

Capítulo III: "La Conspiración"

1. Lo visto hasta acá son, para aquellos que nos denominamos Hombres, hechos que nos abruman, nos dejan patas para arriba, nos preocupan, nos enfadan y, sobre todo, nos ponen en un estado de confusión permanente, ante la falta de respuestas lógicas a semejantes actitudes suicidas de parte de aquellas que se erigen como “mujeres”. Hasta acá, entonces, no tenemos más que una breve descripción de “algo que sucede y que no podemos negar”, por más que no nos guste ni medio. Este es el estado de cosas que han logrado establecer y que, amparándose en la clasificación que dicen tanto odian (me refiero a la de “sexo débil”), nos dejan sin posibilidades objetivas de trastocar; justamente, porque por ser “débiles”, uno no puede andar pegándoles zapatillazos en las cabezas. Entonces, antes de proceder mediante la crítica de las armas, suponemos necesario intentar desocultar las condiciones de posibilidad de este universo, al parecer incongruente. En otras palabras, en este capítulo lo que haremos es responder a la pregunta de cómo es posible que elijan a las bestias que eligen y que, encima, se crean libres con esa supuesta elección.
Para ir adelantando la respuesta y, a partir de ella ir comprendiendo cada uno de los puntos de nuestra tesis, les avisamos que un pequeño, pero no por eso negligente, grupo de Hombres ya nos hemos vuelto concientes de La Conspiración a la que nos someten con dicha “elección”. Todo tiene un por qué y acá expondremos el que rige el accionar de las que en un momento histórico se conocieron como “bello sexo” (Kant dixit). Hombres: estamos siendo las víctimas de un plan de dominación demoníaco, de un proyecto que va más allá de la igualdad de condiciones entre los géneros… ya nos han igualado y con ello no les alcanza: están en búsqueda del trono y, no tengan dudas, ya lo están amoldando a sus figuras delicadas.
Histórica e injustamente, las mujeres han sido arrojadas al papel secundario en el progreso de las sociedades, hasta la actual. En las cavernas, se las azotaba a garrotazos; en la Grecia clásica no cabía la posibilidad de considerarlas ciudadanas, sino sólo un tosco bien material de los hombres de las polis, y así podemos seguir con ejemplos hasta el principio del siglo XX. Decimos arrojadas, porque en realidad la historia la escriben los que ostentan el poder y, hasta hace menos de 30 años, al mismo lo tenían las bestias misóginas que nos supieron someter -a los Hombres también- a los delirios de la civilización patriarcal; pero, aquellos que vemos centímetros más allá de las letras oficiales, sabemos que las mujeres han jugado roles protagónicos a lo largo de la historia. A comienzos del siglo pasado las mujeres instauran la posibilidad del derecho “inalienable” a la igualdad de condiciones y comienzan a avanzar sobre campos cuya competencia se había limitado sólo al actuar de, no las bellas, sino los belludos. Avanzaron sobre la educación, sobre los derechos humanos, civiles y hasta en el uso indiscriminado de ropa característica de los hombres (y acá está escrito con minúscula porque se incluyen también a las bestias que se creen Hombres), tal el jean y las camisas escocesas. Ni hablar del pelo corto y el cigarrillo en la boca o, más desagradable todavía, el tomar el porrón a pico. En definitiva, hasta hemos tenido mujeres presidentas, sin ir más lejos en el recuento.
Esta evolución del género femenino, no hizo más que desenmascarar una gran verdad que los machistas habían intentado ocultar por casi todo el devenir histórico: las mujeres están, de hecho y de derecho, en mismas condiciones que nosotros. Es más, una vez comprobada dicha igualdad, se descubrió, asimismo, que son superiores intelectualmente y en “viveza” a los hombres. Esto ya lo evidenciamos en el Capítulo I de la presente obra, así que no viene al caso ejemplificar lo afirmado. La cuestión es la siguiente: la ambición se ha apoderado, ahora, de quienes pudieron pensarse como gobernantes de las relaciones interpersonales. Las mujeres se dieron cuenta que, insistimos que nunca desistiendo de su escudo inmunológico “sexo débil” a pesar que sus palabras lo desmientan, podían dominar fácilmente a los Hombres, justamente, porque las aman, las respetan, las admiran y las quieren independientes y autosuficientes. Es decir, las quieren desde siempre y por siempre como son: hermosas y libres. Somos, en fin, quienes estuvimos en todo momento defendiendo sus derechos junto a ellas, nunca las cuestionamos por considerarlas tiernas, apacibles y, debemos confesar nuestros pecados, débiles o, mejor dicho, menos fuertes que nosotros. Es decir, a nosotros, los verdaderos Hombres, nos tienen de su lado, como aliados de sus conspiraciones. A ver, que levante la mano el romántico que no se derrita ante la rapsodia de una minúscula lágrima, dibujando arroyos de tristeza por las mejillas de una dama. Siempre nos tienen ahí, firmes como el ombú en el que descansó San Martín en San Lorenzo y en el que el mamerto de Cabral murió, para contenerlas y amarlas, como corresponde. A excepción, claro está, de aquellas que ya lloran por vicio y que son las mismas que han roto nuestra paciencia.
2. Conclusión: la condición de posibilidad de las bestias somos, sin dudas, los Hombres, así como el proletariado es la del Capitalismo. Desde aquí, dedicaremos este Descargo a explicar el por qué de esta afirmación. Ahora bien, hace dos Capítulos que venimos diferenciando Hombres de bestias y, quizás, no queda claro a qué nos referimos cuando hablamos de uno y de otro. Como los segundos no merecen siquiera una coma (,) por parte nuestra, describamos a los primeros. Podemos arriesgarnos a decir que el Hombre debe sus orígenes al Romanticismo, quizás inaugurado por William Shakespeare entre los siglos XVI y XVII: la figura de Romeo moldeó al romántico desde que decidió quitarse la vida por amor a Julieta. No vamos a negar las determinaciones históricas y sociales de tal estereotipo, por lo que, a medida que transcurre el tiempo el mismo puede ir variando sus cualidades, sus características. Pero (y aquí el pero que nos favorece) no somos nosotros los que mantuvimos por siglos esta figura… sino ustedes, comprándoles novelas a, por ejemplo, Isabel Allende o Sydney Shelldon. Veamos cómo es el Romeo que tanto desean en sus palabras y que insultan constantemente en sus actos. En primer lugar, seguramente, en sus Disc-man sonaría más de una vez por día “Contigo”, de Sabina; después, no serían celosos, porque lo que los caracteriza es la seguridad en sí mismos. Consecuencia de lo anterior es lo que sigue: no son machistas. Celos y machismo son socios en la tarea de denigrarlas como mujeres (y como personas), y nosotros jamás permitiríamos una herejía tal. Es decir, no se ven, los Hombres, en la obligación de cuidarlas… sino de respetarlas, amarlas y complementarlas. Levante la mano la mujer que se jacte de no querer un hombre así… sin hipocresías, por favor, porque, además, tenemos oídos y siempre las escuchamos decir que “cuándo será el día que un Facundo Arana (Hombre como él pocos) nos rescate de los babosos y de los que cuando les pasas por al lado, te dan el paso para mirarte el culo”. En muy resumidas palabras, esos serían los Hombres; la condición de posibilidad de las bestias y de lo que ustedes, amorosos ángeles caídos, llaman “elección”. Pero como decía anteriormente, quienes supimos darnos cuenta de la mentira a la que nos están sometiendo; de sus planes maquiavélicos, imperialistas si se quiere. Tras el velo del “sexo débil” y de la “elección”, hemos descubierto que, y attenti compañeros peludos, combinan ambas para llevar a cabo sus deseos de dominación a escala mundial. Y con esto, inauguramos la sección 3 de este Descargo.
(CONTINUARÁ)

Descargo Necesario del Género Masculino (Capítulo II)

Capítulo II: "Ser bueno no es negocio"

Sabemos de sobra que las segundas partes, raras excepciones pocas (Terminator, Back to the Future y Shrek), nunca son buenas. Al respecto, dos aclaraciones: 1) esta no es ninguna segunda parte; más bien, la continuación (si se quiere llamar Capítulo II, no hay problema por mí, ni por quienes hablo: mis camaradas de género) de aquel antológico y verdadero “Descargo NECESARIO del Género Masculino”; por lo que, consecuentemente; 2) si es necesario debemos dejar de lado cualquier juicio moral o de valor que nos confronte a la dicotomía, muchas veces injusta, bueno/malo. Es NECESARIO, y punto.
Y si de “bueno” vamos a hablar, desde ya que conmigo llevan las de perder. El otro día me encontré con un flaco, vecino de una amiga. La cuestión es que ni muy apresurado, ni tan lento, el loco me largó, sin presentaciones y ante una cortina de azulados humos, la siguiente y rotunda afirmación: “Ser bueno, definitivamente, no es negocio”. El tipo, con el que seguí conversando unos minutos más, me dejó tildado. Busqué en Platón, Kant, Marx, etc., etc., etc., y nada. Cuando amagué a retrucarle con “La República” de Platón justamente, me cortó en seco y me dijo: “Loco, te estoy hablando de las minas. Ser bueno, no es negocio… no me vengas con filósofos”. Y no le pude decir nada, pero lo que se dice nada. Lo más que pude hacer con semejante declaración de sabiduría fue redoblarle la apuesta y decir que ni bueno, ni lindo, ni inteligente es negocio.
Y, ¿saben qué? El flaco tiene razón. El flaco tiene razón: con ustedes no se puede ni se debe ser bueno porque siempre salís perdiendo. Y ojo, no es despecho ni una teoría absurda de esas que suelo tener a las 4 AM después de una abrumadora rotation y decenas de cadáveres. No… es una premisa que cumple con requisitos científicos, al punto que está comprobada empíricamente.

Criaturitas bellas, sensuales, cariñosas… ¿qué les pasa? No, en serio les pregunto: ¿qué les pasa? Ustedes insisten con vivir rompiendo las reglas universales, creando mundos paralelos… ¿acaso no saben que en las películas los buenos siempre son los que ganan? Porque así, ni en un mundo de ficción se las puede clasificar. Ustedes trascienden cualquier imaginario colectivo masculino. Fuera de joda. O sea, ¿qué están haciendo? ¿Qué quieren? ¿Quieren que les prometamos infidelidad eterna, malos tratos, celos, indiferencia? Porque si eso quieren, díganoslo así lo hacemos; yo, al menos, estoy dispuesto a adoptar teorías poligámicas y ponerlas en práctica, poner cara de enojado, sospechar de sus amigas, quejarme de cuando salen con las chicas, hacerme el celoso y todo eso. Debe ser mucho más fácil ser así. Es más, sabemos que es más cómodo ser así. Sólo tienen que avisar y listo… así de una vez por todas sabemos lo que quieren. ¿No les alcanza ya con que de vez en cuando, y porque la naturaleza humana/animal de la que no podemos zafar nos obliga a alguna que otra miradita, tocadita o lo que sea? No, parece que no… que a ustedes el sentido común les entra por los ojos, la piel y no se lo pueden quitar: necesitan sufrir la traición en carne propia, ver al pibe comiéndose una mina, tenerle la cabeza al borracho de su novio para que no les vomite las botas nuevas en la cocina de sus casas, que las insulten y ni así. ¿Por qué? Porque cuando esas cosas que, nosotros los hombres no nos atrevemos a llamar hombres, les amagan con rajar, se les prenden de las patas tales garrapatas para que se queden. Y el chabón, que la tiene clarísima, se queda. ¿Qué más puede pedir? Tiene la mujer perfecta al lado: les da todos los gustos, no le protesta nada, le da de comer y todo por el precio de… hacer nada para ganarse el amor de la susodicha en cuestión. Porque convengamos que no les cuesta mucho trabajo estar con ustedes: sólo una que otra salidita, algún regalito muy esporádicamente y después “vos andá con las chicas que esta noche me junto con los muchachos a ver unas pornos” .
Y hablando de amor, en el Capítulo I, decía yo que no quedaban hombres con paciencia… bueno, parafraseándome voy a decir que lo que no quedan son mujeres; y, mucho menos, mujeres que crean fehacientemente en la existencia del amor. Y no me discutan, demuéstrenlo en los hechos… en el ring se ven los guapos; vamos a ver si se la bancan. Hay un libro muy lindo e ilustrativo: “Romeo y Julieta”, de W. Shakespeare. ¡Léanlo! ¡Por favor! O, en el último de los casos, después no se quejen… les estamos avisando. Eso es amor, Romeo muriendo por Julieta y viceversa; no que a sus novios no le importe que salgan con sus amigas. Que dicho sea (y no de paso) seguramente están con pibes que les reprochan que salen mucho con las amigas y que “esa pollerita no te pongas porque te van a tocar el culo”. Encima son machistas.
Y pensar que aquellos que las queremos como son, que las queremos mujeres, independientes, con amigas, con vidas propias tenemos que andar cuidándonos de no decir ciertas cosas para que no se asusten, tenemos que limitar nuestros cariños, no vaya a ser cosa que después terminemos siendo melosos. Nosotros tenemos que cuidarnos y pensar que las cosas esas no sólo no se cuidan, sino que se cavan sus tumbas, se entierran solitos… y sin embargo, son los que ganan. Es increíble: no existe en nuestra inteligencia manera de entenderlas.
Lo gracioso de todo esto es que estamos cansados, hartos de escucharlas quejarse de que “ya no quedan hombres”, “que los príncipes azules nunca golpean sus puertas”, etc. Bueno, si esas cosas por las que se mueren son sus príncipes azules, que las editoriales dejen de publicar cuentos infantiles o novelas de amor porque están todas mal escritas o equivocadas. Voy a ser terminante: ustedes no saben nada de amor. Es falso que las mujeres sean más románticas que los hombres, es falso que nosotros seamos las bestias brutas… los “Hombres” (con mayúsculas y entre comillas) sabemos apreciar un buen tinto; a ustedes les da lo mismo un Navarro Correa Selección Especial que un Toro Viejo en cajita. Inclusive, prefieren el Tetra. Esquizofrenia se llama, la enfermedad que te inventa universos paralelos; y se trata con psiquiatras. Capaz que con unas pastillitas verdes se les pasa.
Pero quería decirles que la venganza se aproxima, no lo duden… el problema es que ya va a ser tarde princesas, van a tener que buscarse otros perros que les ladren; cuando se quieran mudar de la Calle Melancolía (porque tarde o temprano se van a cansar) al barrio de la alegría, ya les habrá salido el tranvía… los abandonados compulsivos ya nos habremos inclinado hacia la venganza: ¡nos habremos hecho homosexuales!

Descargo NECESARIO del Género Masculino (Capítulo I)

Comenzamos con la publicación de la obra más emblemática y autobiográfica del Licenciado. Su Descargo del Género Masculino que, paradójicamente, ha sido más aceptado en el Género Femenino... aunque siempre de palabra, porque en los actos, nunca le dieron la razón a nuestro sufrido Maestro.
Aquí el Primer Capítulo de los cuatro que, hasta ahora, componen esta necesaria catarsis...

Capítulo I: "La Paciencia Rota"
Cuando uno ve a una mujer llorando no puede dejar de conmoverse y decir “pobre, seguro que algún desgraciado le dejó el corazón roto”; ¿o no pasa eso? El desgraciado la abandonó, el desgraciado se fue con otra, el desgraciado, el desgraciado...
No vengo a poner en duda que la mujer puede ser víctima directa de un desencuentro amoroso, no. Pero lo que sí vengo a hacer, además de a hablar por todos los hombres, es a hacer público el descargo NECESARIO del género masculino. Porque la historia termina con el corazón roto de la joven desdichada, pero si termina es porque tiene un principio: la paciencia rota del hombre.
Adorables, tiernas y bellas criaturas, les pregunto; ¿qué significa la palabra sí? ¿Significa no?; y la palabra no; ¿significa sí? Porque pareciera que ustedes no hay regla semántica que entiendan, o mejor dicho, no hay regla semántica que resista a sus cabecitas. No, significa no y sí, significa sí. ¡Listo! Si preguntan estoy linda doscientas veces en una hora y uno les responde las correspondientes doscientas veces que sí, quiere decir que están lindas y no que “ay dejá de mentir mirá los rollos que se me ven debajo de la remera”. Les planteo lo siguiente: sábado a la noche, uno está cansado por el trajín de la semana, el fútbol con los amigos y quiere pasar una noche amena, romántica con la mujer que ama. Pasa a buscarla a la hora arreglada y ¡Oh! Sorpresa. “Pasá, ya termino”, dice ella con la toca en la cabeza y en chancletas. “Prendé la tele, ya bajo”. Bueno, como uno sabe que después la va a pasar bien, se la aguanta. Encima los sábados no hay nada bueno por televisión a menos que pegues justo Rocky 3 o alguna de Chuk Norris. A los 45 minutos baja ella y te deslumbra de tanta belleza, te hace sentir un croto y que la espera valió la pena. Todos van a mirar asombrados a tu mujer por tanta hermosura expuesta. “Mi amor, estás preciosa”, dice uno a lo que inmediatamente sigue un “¿te parece? No me gusta como me queda esto, me lo voy a cambiar”. Otros 45 minutos más y te perdiste el final de la película.
Pero no es sólo esto lo que hace cada vez más chiquita la paciencia del hombre. Nosotros, se sabe, somos seres simples, sencillos que nunca buceamos en el detrás de las palabras. Y nos conformamos con poco; por ejemplo, nos alcanza con que ella nos recuerde cada tanto que nos quiere, y el sólo hecho de que esté a nuestro lado es prueba irrefutable del amor que nos une. Además, si está con nosotros es porque piensa que somos lindos, buenos, cariñosos, dulces, inteligentes y demás. Bueno, y otra vez las reglas del universo chocan contra el universo paralelo en el que viven ustedes. Si estamos con ustedes, salimos a pasear abrazados no es porque creemos que son un pequinés, sino porque nos gustan, las queremos y estamos orgullosos de la persona que son. ¿O ustedes no piensan así también de nosotros? ¿Por qué, entonces, nosotros debemos pensar distinto?
Apréndalo, para ellas nada es suficiente. “¿Creerá que soy linda? Debe pensar que soy una boba”. A ver, los hombres no somos masoquistas, saben. Y además son ustedes las que dicen que somos superficiales y que nos gusta estar con mujeres lindas. Entonces, porqué esa paranoia innecesaria y un “qué hiciste ahora” cada vez que les declaramos nuestro amor. Si les decimos te amo, algo habremos hecho, si no se los decimos no somos demostrativos. Y peor todavía, si las llenamos de besos, caricias, regalos y nos encanta pasar todo el día con ustedes nos dejan porque “estaba todo el día encima mío”. ¿Se podrán poner de acuerdo alguna vez? ¡Gracias!
Mujeres, si son más inteligentes que nosotros, cosa que ya está comprobada y que no discuto, es hora que lo demuestren. No se compliquen la vida inútilmente, disfrútenla, aprovechen, si es que lo vale, al hombre que tienen al lado, porque estoy hasta la coronilla de escuchar sus quejas sobre que ya no quedan hombres. ¡Quedan hombres, lo que no quedan son hombres con tanta paciencia! Además, obviamente, que para ustedes no hay hombre que las llene, que las complete, ya lo dije: si no les dan cariños porque no les dan cariños, si las llenamos de beso, porque somos unos melosos. Bueno, a la vista están las consecuencias. Los hombres no podemos, quizá por incapacidad intelectual, andar adivinando qué nuevas leyes van inventando a cada paso que dan.
¡Ah! y otra cosa, el año tiene 365 días, no sé cuantos minutos y menos sé cuantos segundos. Los partidos de fútbol duran nada más que 90 minutos y una vez a la semana: ¡Justo cuando van a patear el penal es que quieren un beso!

Ecos Eternos de una Imposible Resignación



Continuando con la prosa literaria del Lic., esta semana les traemos un cuento breve... para todos aquellos que acusan a este espacio de "tener mucho texto". (Un consejo: si quieren menos textos, el fotolog y el facebook están recopados.)

"Ecos eternos..." trata de una historia de amor y... y lo demás esperamos Uds. lo descubran. Y si no lo descubren... ¡tochi libre para todos mis compas!


Sin más, el cuento más tenebroso y melancólico de nuestro Pastor.




Ecos
“Será breve”, pensó Martina sabiendo no concluiría hasta que se les extinguiera el tiempo.

Imposibilidad
Sin mirarlo y con una sonrisa infantil inundando sus gestos, le contestó a su conductor: “Así”. Su felicidad no la dejaba hablar. Sin embargo, nadie más podía verlo, acaso sólo entenderla.

Eterno
Santiago lloraba. Entendía pero lloraba. Sólo se lo permitía en la compañía solitaria del dolor. Reconstruía aquellos segundos, de aquella hora, del 14 de setiembre y se reprochaba las falsas responsabilidades de un falso destino inevitable. “¿Qué sería hoy si…?” Qué sería no es más que una absurda puerta cerrada en ese momento único, vuelto sobre sí una y otra vez. El terraplén del tiempo no había podido, aún, detener las cenizas de aquella brevedad -como la había pensado Martina-, madre de una llama fría y perenne. Hoy nunca es el sería… Ella lo sabía; y no pudo hacer nada para evitarlo. Nadie podía ya.

Resignación
No era un día cualquiera, pero no había motivos específicos, como ser aniversarios o cumpleaños, para que lo fuera. Todos los días, para Santiago y Martina -incluso- eran especiales, iguales y 14 de setiembre. Ella se quiso ir y a Santiago lo atormentaba el hecho de no haber formado parte de su decisión. Él, creía, lo hubiese evitado. Ella sabía que no. Es por tal razón -si podemos llamarla razón- que Martina no se despidió (¿no lo hizo?). Fue benévola a su manera. Y, por si acaso, también lo fue con ella. De eso no quedaban dudas. Ni a Santiago, que no permitía le hablaran del entendimiento (si bien entendía), porque nada de eso le era suficiente.
Tampoco le fue suficiente apoyar los claveles, golpeados por las gotas caídas de las nubes negras de sus ojos, en el mármol seco como su amor, para conseguir la resignación que le prometieron esos que no sienten el dolor ajeno. Menos aún saber que Martina sonríe. Sonríe como nunca, para siempre… hasta que, como lo supo, se les extinguiera el tiempo.

Escuela de Disfraces (Parte Final)

Pasó el Filósofo abrazado a un caballo y gritando “¡Humano, demasiado Humano! ¡Mis palabras no son para los oídos contemporáneos, y por eso te hablo a ti, oh cuadrúpedo que sostienes a quien anuncia la venida del Sin der Erde!... Sapere aude! Sapere Aude!”... Como si Nietzsche fuera un kantiano... Pasó el pañuelo multicolor, luciendo el barro de las Topper como trofeo de guerra del último recital de Jóvenes Pordioseros o Pier, qué mas da... Pasaron todos... “Ya sé: vos sos el Estudiante”, le dije a un pibe de gorrita y camiseta de fútbol que hacía nada. “Y sí”, me respondió cagándose de risa. También el Científico, loco por supuesto, de guardapolvos, subido a un Delorian que iba camino a Esparta, justo cuando su ejército estaba zarpando hacia Troya. Me invitó... “Ni loco”, le dije. Pasaron todos, decía... Pero faltaba ella.
Sí, ella. La que estuve esperando dos horas; la que me hizo desconfiar de mis aptitudes, la que me hizo creer un idiota, aunque ahora lo sienta por creer que no lo soy. La que pateó el trasero de mi ego, una noche de otoño que recién comenzaba. Allí estaba con lentes de marco negro grueso, colgantes con piedras, jeans holgados, infaltable flequillo desmechado y muchas, pero muchas pulseras.
- ¿Qué hacés acá?, pregunté. Quedamos que a las 6 nos encontrábamos.
- Soy artista. Yo creo, invento. ¿Qué hora es?
- Las 8.
- Ves... Soy artista, para mí son las 5:28... Tengo una sensibilidad distinta. Veo lo que nadie puede ver. Yo no pertenezco a la normalidad de los mediocres que ven sólo lo que aparece y se despreocupan de la cosa en sí... de lo incognoscible para la sensibilidad. En 32 minutos nos vemos.
- Mirá flaca... mi reloj dice las 8, el reloj de la Iglesia dice las 8 y si querés andá a preguntarle a tu viejo y también te va a decir que son las 8... Una cosa es ser artista y otra no saber la hora. ¿Qué tiene que ver?
- Vos no entendés, vos no sentís... ¡Jugá! –me dijo, y el Filósofo largó un “Ja... una compañera de 'Los sin miedo', una temeraria... Zarathustra te está buscando para anunciarte la Buena Nueva.”.
- Ok. Juego, pero juguemos en serio. ¡Como juegan los niños! -grité mirando de reojo al Filósofo para ver si contrarrestaba mi sentencia nietzscheana. Y si me decís a las 6, es en serio a las 6, y si querés, cuando nos encontramos jugamos a lo que vos quieras. Una cosa es jugar y otra tomarle el pelo a la gente.
- Ay, no sabés nada. Abrí las puertas de tu percepción. Dejate llevar por los sentidos.
- Sí, por el colectivo a mi casa me dejo llevar.

Pegué media vuelta y salí desesperado, pero más que nada porque adentro, encima, está prohibido fumar.

Escuela de Disfraces (Parte I)

Los compiladores de nuestro Sócrates lagunero inauguramos con este texto la veta literaria del Licenciado R. ESCUELA DE DISFRACES (que publicamos en 2 partes) podría tratar sobre la condición humana, la metafísica del tiempo, los dogmas, las religiones, las tribus urbanas, la desorientación de la juventud, el conflicto entre "parecer o ser"... podría, pero no. Trata, como no podía ser de otra manera, de un nuevo fracaso amoroso de este soltero compulsivo. Sin más preámbulo, aquí la Primera parte de este polémico cuento.
(Foto: prueba irrefutable que "hoy su cara puede estar en cualquier remera")

Resulta que el lunes pasado pacté una cita con una mujer que no pienso ni quiero describir ni personalizar en este momento... aunque no lo parezca, soy un caballero, y no tengo por qué denunciar a quien faltó a dicha cita... o tal vez no lo haga, para no culparme por su ausencia. En fin, ofuscado, meditabajo y cabizbundo, emprendí la retirada del lugar señalado, casi dos horas después de La Hora Señalada. Entonces, fue cuando descubrí algo que ningún curioso podría obviar: “Escuela de Disfraces”, rezaba un cartel en una puerta... disfrazada de puerta, claro. El salón era amplio, iluminado y ventilado; demasiado para una noche de un otoño que recién empezaba a matar la clorofila de los árboles. Estaba repleto de gente. “Hola, soy el portero”, me recibió un overol azul con una escoba en la mano, y un walk-man con un solo auricular. “Sí, más bien”, pensé, y luego le manifesté mis intenciones: “Busco al maestro. Me gustaría saber en qué consiste la escuela”. “Ah, no no... no hay maestro acá, o al menos nunca vino”, me respondió a los gritos –supongo que por el volumen de la música en su walk-man. Pase. Estos son los que participan del Taller.”
Yo, que no soy una persona muy generosa con el diálogo entre desconocidos, empecé a caminar hacia donde me había indicado el portero que estaban los alumnos... Me acerqué a uno y le pregunté que cómo venía la mano, dónde podía averiguar el funcionamiento de la Escuela y formalidades varias, a pesar de haberme dado cuenta de que no era responsable del establecimiento ni mucho menos. “Mirá, la verdad ni idea. Yo soy el hippie de la clase por si no te diste cuenta... así que las jerarquías; maestro, alumno, director, comandante o whatever... todo bien. Imaginemos que no hay fronteras, man... -y acá lo que más me sorprendió- ni religiones”. En realidad con sólo olerlo, dejaba de ser necesario su discurso para darme cuenta de que era el hippie... pero como además de caballero soy respetuoso, lo escuché hasta que terminó de hablar.
Inmediatamente después del encuentro con Lennon (así lo llamé desde ese momento) diviso un joven de unos 20 años de edad que, en estampida, se abalanza sobre mí tal vanguardia de movimiento estancado; eufórico pero no enfático, corazonado en un mundo descorazonado. Amenazado, logré frenarlo como quien toma distancia en una fila, pero con la palma hacia delante: “Pará... ya sé. Sos el Comunista Revolucionario”. Nota: no soy adivino; sólo que la remera roja que embandera la cara del Che, y la tupida barba no dejan dudas.
Ligeramente sorprendido, con gestos de sospecha y paranoia, confirmó mi hipótesis en silencio y levantando el puño izquierdo. Se fue a los pocos segundos, solo, eufórico, y sospecho que a buscar la Revolución en algún sueño eterno.
Llegó el turno de una piba con corte de pelo neonazi, de color rosado brilloso, pantalones cargo de color militar y zapatillas de lona negra Converse... Fue la primera vez que tuve miedo en mi visita a la Escuela. Nunca había estado en presencia de un simpatizante tan confeso del Nacionalsocialismo. “A mí no me importa nada... soy rebelde y punk. No hay destino, no hay futuro... esto es una mierda.” Muy paradójicamente, su soliloquio me tranquilizó: no era nazi, era rebelde. Por las dudas no le dije nada, pero todavía me pregunto cómo se puede ser rebelde vistiendo de idéntica manera que el 75% de los jóvenes, en un cálculo estimativo. ¿Ser rebelde hoy no sería vestir de saco y corbata y escuchar la verdadera música de la revolución, o sea, Mozart? Para comenzar a responderme, llegué a casa y confirmé mi sospecha: según Google, Converse todavía no se pronunció “Slogan oficial” de la lucha contra la explotación laboral... pero también puede suceder que la web esté desactualizada.

(CONTINUARÁ...)


¡Hay cosas que no se tocan! (Parte II)


Hagamos un repaso de los fracasos (y entendemos acá por fracaso al intento fallido de producir una buena y bella obra, y no a cuánta gente vio o escuchó las nuevas versiones) más altisonantes de la industria.


1.- La Pantera Rosa (la película y el dibujo animado)
Steve Martin no es Peter Sellers, por favor. Todo bien con el canoso; me ha hecho reír en muchas películas, me cae simpático y ha hecho un gran trabajo en esa película que tiene una mujer viviendo adentro de su cuerpo… pero Inspector Clousoe hubo, hay y habrá uno solo: el desaparecido P. Sellers. Inclusive, existió otro intento de reemplazarlo (mientras Sellers estaba vivo) y no funcionó, como era de esperar. O sea, doblemente triste. Por otro lado, Jean Reno es un gran actor, y es una injusticia que siempre lo convoquen para hacer del segundón francés.
Pero en lo que a la Pantera Rosa se refiere hay algo muchísimo más grave: resulta que en la versión noventosa, el afeminado animalito (afeminado por la asimilación del rosado al sexo femenino nomás)… ¡habla! Es más o menos como que produzcan una nueva versión del Correcaminos y el escurridizo pajarraco haga “¡Cuac, Cuac!” ¿Va a ser lo mismo? ¡No! ¡Pierde la gracia señores!


2.- Superagente 86
¿Cuál es la gracia, en la era del teléfono celular, de reversionar un personaje que se comunicaba con sus compañeros mediante un zapato telefónico? O sea, hicieron la película de un agente que menos secreto no puede ser, ¡porque lo sacaron de contexto, ante la urgencia de ‘hacer algo’ por la falta de ideas! Además, y acá me pongo firme, nunca jamás el 99 le va a caer tan bien como a Barbara Feldon y ese extremadamente seductor flequillo carré.


3.- El Padrino III
Lo dijo Al Pacino: “Haber redimido a Michael Corleone fue un gran error”. Yo coincido. Nadie puede decir que la tercera parte de la saga haya sido mala, no. Es una película correcta, pero Michael Corleone es el tipo que hizo matar a su propio hermano porque lo delató. Coppola había logrado lo que pocos: hizo una segunda parte que supera con holgura a la primera; entonces, no hacía falta verlo a Corleone anciano, demacrado, con lentes oscuros muriendo solo y retirado del crimen en Sicilia, si ya eso lo habíamos entendido en la escena final de la segunda parte, pero con el protagonista sin canas: Michael está solo desde el momento que mata por primera en el bar, vengando la muerte de Sonny.


4.- Indiana Jones IV
La Filosofía Hegeliana sentencia que la historia es una tríada conformada por una tesis, una antítesis y una síntesis… y quien entienda algo de la historia de la filosofía, sabe con Marx que Hegel es el punto culminante de la misma. George Lucas y Steven Spielberg parecían hegelianos de izquierda hasta que hace un par de años quisieron superar la síntesis (y aumentar un poco más sus cuentas bancarias) e hicieron la cuarta parte de la saga del arqueólogo domador de leones. ¿Era necesario tener que ver a Indy moviéndose entre sombras, porque Harrison Ford ya no puede andar haciendo piruetas como si fuera un pendex? Además, ¿por qué Sean Connery aparece como si se hubiera muerto e Indy esquiva las balas, si en la tercera parte habían bebido del Cáliz de Jesús la mismísima inmortalidad?


5.- Los Bañeros más Locos del Mundo (La Brigada Z)
Si de hitos se trata, la saga de la Brigada Z está sin dudas en el Top 3 de las bizarreadas más grandes del cine argentino. 4 inútiles ‘pelapapas’, una policía vedetona y un hippie pulgoso hicieron delirar a toda una generación de niños y adolescentes argentinos que hoy, ya adultos, añoran y recuerdan con una carcajada escenas clásicas de este grupo de cabos amigos. “¿Quién es el más inteligente y lindo de la Brigada?”, “Este auto está lleno de monstruos”, “Hoy no es un buen día para dejar de fumar”, “Margariiiiiiita”, “Emiliooooooooo”, “Para las motitos un poco de aceitito”, son algunas de las frases de esta saga, obligadas en cualquier charla sobre el absurdo argentino con la cortina musical de las películas de fondo. La era de la culocracia hizo que a alguien se le ocurriera pensar que un par de exagerados pechos, un poco de arena y la troupe Tinelli eran capaces, por sí solos, de hacer un filme. ¡Graso Error!

Después de este frenético y furioso descargo, ¿qué nos queda esperar? ¿La Noticia Rebelde conducida por Pachu Peña, Pablo Granado, Fredy Villareal, Gerardo Rozín y Martín Sicioli riéndose de la adicción de Nazarena Vélez a los medios de comunicación y de los vericuetos de “La Guerra de las Plumas”? ¡Ah, no! Eso sí que nunca pasará… cierto que con los productos de culto no se jode… no sea joda que nos tilden de consumistas.

¡Hay cosas que no se tocan! (Parte I)


Hemos encontrado este frenético texto del Lic. (que publicaremos en 2 partes) en el cual se manifiestan varias cosas: 1) que el Lic. a veces se enojaba; 2) que le gustaba Pink Floyd y 3) que al menos tenía un amigo.
Las sigtes. palabras tratan de ilustrar, por un lado, la triste urgencia de la industria por producir y difundir ciopias berretas de grandes, únicos e irrepetibles clásicos ante la falta de ideas originales; y, por otro lado, la snobísima vanguardia artistoide que pasa de largo dicha carencia, pero que cuando quiere y es cool, conserva la tradición. He aquí, pues, la primera partecita de esta breve obra del Lic. R.

Hay cosas que no se tocan… que no deberían tocarse. Hay cosas que debemos dejar en paz. ¡Hay cosas con las que, definitivamente, no se jode, viejo!
Resulta que con un amigo nos encontrábamos en uno de esos antros de dudosa residencia intelectual y artística, en los que hay más posters que sujetos, más manuales que ideas, y de golpe suena una alarma: una versión reggae de ‘Another Brick in the Wall’. Lamentablemente, aunque era de esperar, la alarma sólo nos alarmó a mi amigo y a mí. ¿Cómo puede ser que nadie haya notado semejante falta de respeto? ¿Cómo puede ser que en un supuesto nicho intelectual todos seguían impávidos, felices y bailarines ante semejante bastardización de una obra de arte? ¿Eso es ser vanguardista? Nos enojamos, nos ofendimos y, por último, nos reímos. Por supuesto, el cover era un pésimo cover y tema musical.
No se trata acá de una defensa de la tradición, ni de un “pasado que siempre fue mejor”. Se trata de reconocer una obra, una excelente obra única e irrepetible, que no tiene que ser reversionada porque sí, o porque hay que actualizarse. No jodamos, por favor. Porque no sólo se descontextualiza la obra y le hacemos perder sentido y significado, sino que, además, se la convierte en una vacía mercancía como cualquier otra, indiferenciándola en una góndola de hits veraniegos. Y si alguien sospecha de que en realidad se está homenajeando al original… les aclaro que la mejor forma de hacerlo es, en este caso, escuchando atentamente la canción.
Por algo a los clásicos se los llama clásicos. Uno debería prestarles atención para aprender cómo y cómo no se hacen las cosas. No para imitar, no para apegarse dogmáticamente a un modelo, pero sí para aprender cómo se puede ser original y virtuoso. Además, son contadas con los dedos de una mano (e incluso, con menos dedos de los que una mano tiene) las ocasiones en las que una ‘remake’ ha sido tan buena como su negativo o una segunda, tercera o cuarta parte a superado a su descendiente.


(Foto: un claro ejemplo de cómo se arruina una obra de arte y una demostración más de que NO TODO ES ARTE)

Un Amor Redondo

En esta oportunidad publicamos un breve texto en el cual se nos presenta una de las brutales pasiones adolescentes, que despertaban los más bárbaros instintos de nuestro Licenciado: el fútbol. Por su prosa, podemos ver que es un nostalgioso amante de los nº 10, de los winnes, del esquema 4 - 3 - 3 que se resiste a aceptar la existencia de los carrileros izquierdos o enganches, razón por la cual odiaba al Profe Córdoba y, muy seguramente, de conocer sus opiniones actuales, también renegaría de Caruso Lombardi.
La leyenda cuenta que intentó incursionar en las inferiores del Club cuyos colores amó profundamente, Unión de Sta. Fe, pero también dicen que su virtuosismo le alcanzó para militar en la reserva de la barrabrava, siendo el encargado de ingresar la pirotecnia a la cancha debajo de sus ropas.

¿Quién dijo que todo está perdido? Ahí vienen los Riquelme, los Saviola, los Aimar, los Tevez, los Messi a ofrecer su fútbol. Taquito para acá, rabona para allá, esos lujos… Espere. Lujos son esas cosas que uno se da de vez en cuando; que lástima que no sean moneda corriente en una cancha. Dígame sino usted, compatriota tribunero; ¿hay algo más lindo que un multitudinario ooooole inspirado en las picardías de caraduras esquivando las espadas con tapones de sus rivales, mientras el chimichurri del chori se le resbala por la comisura inferior de su labio, perfumando por unos días la camiseta de su club favorito?
Pero para que tal aquelarre dominguero explote toda sus magia es necesario tener en cuenta algo más todavía: la redonda no es tonta y sabe quien la trata con dulzura. Ella se engalana, se pone su mejor vestido y apenas uno de esos chiquilines la cabecea pal baile, acepta sin histeriquear. El pibe le pregunta si va a volver al domingo siguiente y ella, media sonrojada, le dice que será un placer. Porque confiesa que antes se topó con muchos cavernícolas que no saben tratar a una dama; y que cuando tiene la oportunidad de conocer a un caballero no la deja pasar. Esos cavernícolas que, como los de antes, se agarran a patadas con el caballero por el amor de su amada. Y no la dejan tranquila con el hombre que la hace soñar, que le despierta las esperanzas de verse reconciliada con el juego que la hizo famosa alguna vez. Pero como en una película de Hollywood, los enamorados se encuentran una vez más y viven juntos por toda la eternidad porque ambos saben que el amor es recíproco.
Pero como ésta no es una película de las de allá, el final no siempre es feliz. Como en Casablanca, uno de los amantes debe partir al viejo continente. Argentina siempre se caracterizó por exportar sus productos: carne, cereales, dulce de leche, tango. Ahora está de moda exportar jóvenes con futuro, aunque no sean jugadores. Y es así que el amor se corta cuando a los chicos todavía no les desapareció el acné adolescente. Estos muchachos son los Cristóbal Colón sudamericanos que se van a deslumbrar con sus espejos y Biblias escritas con los pies. Allá es donde se escribe la historia y ellos van a redactar la suya. Pero igual sueña con que en algún momento llegue un nuevo Neruda de potrero que la deslumbre con sus poemas escritos en un quiebre de cintura, un cambio de ritmo. Porque ella es una mujer moderna y quiere salir a pasear, y que mejor que de la mano (mejor dicho los pies) de su amado.
Y si no me cree mire lo que me contó una vez la mexicanita que bailó con Maradona en el segundo gol a los ingleses: “Yo cuando ví que iba con Diego le dije que me tirara para adelante, que yo sabía dónde estaba el arco. Que no se preocupara por mí, que se preocupara por las patadas de los ingleses. Le dije que si él las esquivaba yo lo iba a estar esperando, porque sabía que no existía lugar en el mundo donde pudiera sentirme mejor que en su pie izquierdo”.

(Pie de Foto: El Licenciado enardecido a la salida de un Unión 0 - Temperley 3; esperando al réferi del partido Humberto Dellacasa, a quien responsabilizó por la derrota Tatengue, para propinarle una verdadera golpiza)