Esta nota fue publicada en el Periódico Pausa apenas concluido el verano santafesino. Es una nota anticipatoria... si la leen, sabrán porqué.
Se terminó el verano,
sí. Y muchos de ustedes estarán exclamando “¡Por fin se terminó el verano! Ya
no se aguantaba más el calor, la humedad ni los mosquitos.” Sin dudas, tres
factores que hacen a Santa Fe una ciudad casi inhabitable durante esta
estación.
Yo también me alegro
que se haya terminado… bah, en realidad no sé si es alegría o alivio, porque
para mí, ¡por fin se terminaron los que se viven quejando del calor, la humedad
y los mosquitos como si no supiéramos que en Santa Fe hace mucho calor, hay
mucha humedad y nos invaden los mosquitos desde que el mundo es mundo! Para que
quede claro: son igual o más insufribles que una nube de jejenes un sábado a la
tardecita en la costanera.
Debo ser justo y
decir que no todos lo dicen en tono de protesta (pero porque además ya me veo
venir la respuesta: “Yo no me quejo…es una realidad. ¿O me vas a negar que hace
calor?”). Pero eso es algo que no los exime de entrar a mi club de odiados;
incluso, los hace encabezar el ranking. Son los que un amigo llama
“Informadores de lo obvio”. ¿Quiénes serían? Se los defino con algunos ejemplos
y lo que me dan ganas de responder cada vez que me topo con alguno.
1.- “Te cortaste el
pelo” (No, tragué moco muy fuerte)
2.- “¿Llegaste?” (No,
soy un holograma)
3.- Aquellos que van
en la calle y te dicen, iluminándote, “llueve” (Menos mal… yo pensé que me
había pishado encima)
Y así podríamos
imaginar muchos casos más. También los hay para el asunto del calor, la humedad
y eso; pero con un agravante: todas y cada una de las conversaciones empiezan
con alguna mención al clima, siempre.
- Hola, ¿cómo andás?
- Con calor. No se
puede estar eh.
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La tapa de la revista Gente... un clásico del verano (facho y superficial) |
También tenemos un
selecto grupo de simpáticos que hacen un sofisticado uso de la ironía y el
sarcasmo. Los famosos… “¡Decí que está fresco eh!”; “Menos mal que hace frío,
ah”.
Lo peor de todo esto
es que uno se los tiene que aguantar, porque si ante tamaña revelación
climática yo respondiera “¿Calor? ¡No te
puedo creer! ¿En serio? A ver, esperá que desconecto la batería refrigerante
que me injertaron el otro día y te lo confirmo”, me tratan de desubicado,
maleducado, mala onda y, paradójicamente, de quejoso. Sí, encima el gruñón
termino siendo yo.
Santa Fe en verano es
un palacio monotemático. No se habla de otra cosa (las redes sociales potencian
a los informadores de lo obvio). Con tantas cosas lindas para contar; tantos
temas interesantes de los que hablar, acá se vive como si todo encuentro fuera
un incómodo viaje silencioso en ascensor con un vecino que no conocés: hay que
decir algo, por más que no tengas nada para decir. ¿Por qué? Nadie sabe. Un
ejemplo resume este último párrafo.
Tuve el privilegio de
viajar al Noroeste en enero, y de la emoción se lo contaba a cada uno que me
iba preguntando qué hacía en vacaciones. Yo, chocho, quería contagiar un poco
mi alegría… terrible error. Lo único que obtuve como respuesta fue: “¿Al norte?
¿Con el calor que debe hacer allá en enero? ¿Cómo te la vas a aguantar?”.
Lector, exímame de comentarios al respecto porque trato con todo mi esfuerzo de
no dejar salir al enano facho que todos llevamos adentro, créame.
Por eso, y para
terminar, a partir de hoy comienza mi cuenta regresiva… faltan 274 días para un
nuevo calvario. Han convertido a mi estación favorita en eso, un sufrimiento. No
los voy a extrañar, en serio. Y menos sabiendo que, como suele suceder todos
los años, desde mañana las mismas personas arrancan a informarme sobre el frío
que está haciendo.
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