En marzo pasado el cardenal Jorge Bergoglio fue elegido presidente del Estado del Vaticano. Asumió bajo el seudónimo de Francisco. Desde luego, el hecho fue de los más trascendentales de la política mundial. Y esto es lo que yo dije sobre ello en el 110 del Periódico Pausa
Hegel en su artículo
“La positividad de la religión cristiana” afirma que “la religión enseña lo que
la política necesita”. En otras palabras, deberíamos decir, entonces, que cada
estado tiene la iglesia que necesita. Más aún, cada época, cada régimen social, político y
económico construye subjetividades aptas para ser gobernadas con ayuda, entre
otras instituciones, de la iglesia.
A nadie sorprendemos,
pues, si coincidimos con Althusser cuando dice que la iglesia (junto a la
escuela, la familia, etc.) es uno de los aparatos ideológicos del estado. Es
por ello que, quienes nos autoproclamamos ateos no podemos permitirnos ignorar
el acontecimiento eminentemente político (estoy tentado a decir ‘exclusivamente
político’) ocurrido en el “Estado” del Vaticano el pasado 13 de marzo. Porque
el ateo no se preocupa si dios efectivamente existe o no (discusión, por
cierto, inútil). Al ateo lo que debería preocuparle (y le preocupa) es la
inmoralidad o no de la idea de dios, y vaya que sí existe esta idea, por las
consecuencias y efectos que la misma tiene sobre los seres humanos. En otras
palabras, creer que dios no existe es ya no el producto de un descuido, sino la
más grave de las inocencias, una de las más nefastas de las imposturas vulgares
que, si nos llamamos zoo politicón, no nos podemos permitir… o renunciemos a
las políticas. Incluso, si dios no existe porqué aún se eligen papas. En
síntesis, dios existe efectivamente y somos testigos cotidianamente de ello. Quien
es ateo, pues, debe preguntarse si dios debería existir entonces y debería cuestionar
los efectos de su existencia. Todo ateo necesariamente debe ser nietzscheano:
Dios debe morir para que nazca el superhombre (o, ya que tan polémica es esta
figura para la historia del siglo XX, para que el hombre pueda nacer libre).
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El Papa argentino... y peronista. |
Pero si además de
considerarnos ateos, tenemos conciencia histórica -como por otro lado, debemos
tener- y nos re-conocemos como sujetos latinoamericanos, no podemos ignorar la
relevancia que tiene como pueblo que por primera vez en la historia de una de
las instituciones más antiguas del mundo occidental elija como presidente de su
estado a una persona de estos sures (por no decir, directamente, “una persona
del culo del mundo”). Podríamos pensar entonces que el culo queda cada vez más
cerca del corazón o el cerebro del mundo, o que el culo empezó a picar y es
necesario rascarse. Siendo un poco menos ilustrativo, si somos ateos
latinoamericanos no podemos ignorar el 13M y sí debemos reflexionar y, yo
propongo, a partir de la siguiente pregunta: “Si estos comienzos del siglo XXI
encuentran a casi toda Latinoamérica andando por primera vez en 200 años como
un bloque compacto que emerge con cierto poder para contrarrestar las fuerzas
de los poderosos de siempre que cada vez son menos poderosos, y este andar se
trasluce o visualiza en numerosas políticas de inclusión social, en
legislaciones más igualitarias y que favorecen a sectores por siempre
postergados (llámese pobres, homosexuales, transexuales, indígenas, mujeres)
y/o políticas que posicionan de pie a Latinoamérica, ¿por qué todo esto
coincide con la elección de un Papa nacido en esta región? Creo que es aún muy
pronto para ser definitivo al respecto y por más tentado que esté a dar una
respuesta preferiría la prudencia a la urgencia y me reservo el derecho de no
apresurarme a hacerlo público. Sí voy a decir que creo que es una reacción a lo
antes descripto provocada por el terreno perdido por la institución (y los
bloques que históricamente el Vaticano ha representado) en la región y no una
mera casualidad o el regalo a un tipo, Bergoglio, que les cae bien a los
obispos europeos. Asumo el riesgo de estar equivocado en mi hipótesis y si así
fuera lo reconoceré inmediatamente, contrargumentos racionales mediante.
Pero por otro lado,
si usted es creyente o católico practicante y con pleno derecho a contentarse o
ponerse orgulloso (derecho que nadie puede negarle y/o criticarle) porque cree
que el Papa es argentino o porque “tenemos” un Papa, lo invito a que repase el
nombre que lleva la Iglesia que lo representa y me diga si es Católica Apostólica
Gaucha… o sigue siendo Romana, o sea, la asamblea de la capital del imperio que
la fundó y que gracias al resto del mundo le sigue dando vida.
También, si así lo prefiere, lo invito a que me
acompañe en la prudencia y no sea tan contundente afirmando que ahora somos algo
así como el pueblo elegido… ¿o acaso no escuchó en qué idioma fue presentado
Bergoglio (latín), y en cuál otro idioma él se dirigió al que ahora es “su”
pueblo cuando asumió como presidente de la iglesia católica? Buonasera a tutti…
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